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Irrupción del amor

eledendo

Poeta asiduo al portal


… voraz, veloz e inaprehensible viene y surge en luz y guerra

un pálpito de amor;

y así, ingente, sin aviso abre puertas, remueve, incendia y derriba entablamentos,

enloquece sangres y marcha cual dios que hubiese de crear un universo

sin divinas ciencias, sin faz ni magnitud;

¡ y ay, ay de mí las veces que lo oí…!

… y el pecho es ante él cebolla blanca, miel o cera, ámbar, y pétalos de azafrán los ojos,

mostrándose el mar cual flanco absolutamente abrasador, sin piedad ni ley;

por tanto, cuando de pronto se ausenta o desaparece y queda el corazón entre sierpes y sombras,

entre cuchillos y harapos, y pregunta o maldice el porqué de las horas y las noches de plomo,

ah, entonces, vaciado el cuerpo, comido o dañado,

todo en él se torna - cual ya hemos dicho - voraz, veloz e incomprensible, una lóbrega guarida

de sierpes y de sombras, de harapos tiznados y cuchillos;

y ay, ay de mí, las veces que hube de morir de frío por eones, edades y épocas,

ay, ay de mí;

... y miradme, miradme hoy,

mis iris son, aún, de mármol y canela.

***

Antonio Justel Rodriguez

[Publ. “Todos los fuegos”: Casa del libro – Amazon]

***​
 

… voraz, veloz e inaprehensible viene y surge en luz y guerra

un pálpito de amor;

y así, ingente, sin aviso abre puertas, remueve, incendia y derriba entablamentos,

enloquece sangres y marcha cual dios que hubiese de crear un universo

sin divinas ciencias, sin faz ni magnitud;

¡ y ay, ay de mí las veces que lo oí…!

… y el pecho es ante él cebolla blanca, miel o cera, ámbar, y pétalos de azafrán los ojos,

mostrándose el mar cual flanco absolutamente abrasador, sin piedad ni ley;

por tanto, cuando de pronto se ausenta o desaparece y queda el corazón entre sierpes y sombras,

entre cuchillos y harapos, y pregunta o maldice el porqué de las horas y las noches de plomo,

ah, entonces, vaciado el cuerpo, comido o dañado,

todo en él se torna - cual ya hemos dicho - voraz, veloz e incomprensible, una lóbrega guarida

de sierpes y de sombras, de harapos tiznados y cuchillos;

y ay, ay de mí, las veces que hube de morir de frío por eones, edades y épocas,

ay, ay de mí;

... y miradme, miradme hoy,

mis iris son, aún, de mármol y canela.

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Antonio Justel Rodriguez

[Publ. “Todos los fuegos”: Casa del libro – Amazon]

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Una elocuente poesía cargada de metáforas.

Saludos
 
Sigue usted, Antonio, haciéndome usar el diccionario (ahora fue "eón"). Gracias por compartir sus versos. Me siento Sancho. Y lo imagino a usted devenido en Quijote diciéndome: "no seas simple". Le mando otro abrazo desde la otra costa del Atlántico.

Lisandro
 
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