Isabel

Alan Gabriel

Poeta recién llegado
Cuadros de deseos olvidados flotan en su beso,
las tardes de verano rasguñan las piedras de su cuarto.
No puede escapar, el miedo actúa silenciosamente,
no quiere amar, las espinas absorben su presencia.

Isabel corre en campos de fuego infernal en busca de su amado,
el frío del sepulcro seduce su voluntad.
Los puentes hacia lo oscuro de su cantar mueren con su maligno espíritu.
Las noches de primavera se hacen eternas cuando las entierra en el desprecio.

No recibe la pura infección de vida, tampoco la amargura de su trágica fe,
solo extraña su dolor y su desgarrada misericordia.
Isabel abre sus venas como pañuelos de seda, no siente la espesura de la sangre.
Se desploma sin pensar en el suicidio de aquel putrefacto corazón,
pero sí en el reencuentro con su inmortal demonio que bailará con ella eternamente.
 
Cuadros de deseos olvidados flotan en su beso,
las tardes de verano rasguñan las piedras de su cuarto.
No puede escapar, el miedo actúa silenciosamente,
no quiere amar, las espinas absorben su presencia.

Isabel corre en campos de fuego infernal en busca de su amado,
el frío del sepulcro seduce su voluntad.
Los puentes hacia lo oscuro de su cantar mueren con su maligno espíritu.
Las noches de primavera se hacen eternas cuando las entierra en el desprecio.

No recibe la pura infección de vida, tampoco la amargura de su trágica fe,
solo extraña su dolor y su desgarrada misericordia.
Isabel abre sus venas como pañuelos de seda, no siente la espesura de la sangre.
Se desploma sin pensar en el suicidio de aquel putrefacto corazón,
pero sí en el reencuentro con su inmortal demonio que bailará con ella eternamente.

Saludos Alan.
 
Cuadros de deseos olvidados flotan en su beso,
las tardes de verano rasguñan las piedras de su cuarto.
No puede escapar, el miedo actúa silenciosamente,
no quiere amar, las espinas absorben su presencia.

Isabel corre en campos de fuego infernal en busca de su amado,
el frío del sepulcro seduce su voluntad.
Los puentes hacia lo oscuro de su cantar mueren con su maligno espíritu.
Las noches de primavera se hacen eternas cuando las entierra en el desprecio.

No recibe la pura infección de vida, tampoco la amargura de su trágica fe,
solo extraña su dolor y su desgarrada misericordia.
Isabel abre sus venas como pañuelos de seda, no siente la espesura de la sangre.
Se desploma sin pensar en el suicidio de aquel putrefacto corazón,
pero sí en el reencuentro con su inmortal demonio que bailará con ella eternamente.

Hey Alan!! qué poemón!!
Un reflejo de la historia de Romeo y Julieta.
Me gustaron las imágenes plasmadas en tu escrito, tanto como las metáforas y la profundidad de su contenido. Te felicito.
Un besito para vos y espero leerte pronto

Denn
 

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