ITACA YA LEJANA A TI VUELVO
Se despiertan las cariátides
en inusitado jardín en claroscuro
Mármoles acuosos que reverdecen
en el sinuoso recuerdo de su isla original.
Apenas cipreses o ángeles sin alas.
Brotan de las fuentes los asustados nenúfares
donde se mece el tiempo detenido
Jardín inabarcable como una oscura caja de música
serpentean las hiedras y los aromas de romero
los zócalos se ofrecen en su desnudez sin tiempo.
¿Cuando murieron los dioses irredentos?
¿Cuando los mármoles se hicieron templos?
Desmenuzadas a golpes de silencio
las desveladas cariátides ofrecen sus cráteras
a los hombres y a los perros.
Peplos que flotan consumidos de deseo
flores nacidas de la noche perforada
nubes conformadas por titanes ya sin cielo
se extiende la veladura magistral
que ignora las ventanas e ilumina los peristilos.
Dulces tiempos no cantados por los bardos
Copas cálidas en las que el ámbar es hielo
cópulas con sátiros y ninfas bajo esféricos limoneros
mientras Penélope desteje los hilos de la historia
y deja los rastros cambiantes de los ópalos
en pago a sus cortejos despedazados.
Se abren las puertas del destierro y del desierto
con sus fauces abiertas para ignorar los cánticos
de los monjes errabundos que salmodian entre las rocas
Dulces tiempos de cariátides y guerreros
de nubes color de olvido
de mármoles y perros hambrientos.
Ilust.: “Las musas inquietantes”. G. de Chirico. 1917
Se despiertan las cariátides
en inusitado jardín en claroscuro
Mármoles acuosos que reverdecen
en el sinuoso recuerdo de su isla original.
Apenas cipreses o ángeles sin alas.
Brotan de las fuentes los asustados nenúfares
donde se mece el tiempo detenido
Jardín inabarcable como una oscura caja de música
serpentean las hiedras y los aromas de romero
los zócalos se ofrecen en su desnudez sin tiempo.
¿Cuando murieron los dioses irredentos?
¿Cuando los mármoles se hicieron templos?
Desmenuzadas a golpes de silencio
las desveladas cariátides ofrecen sus cráteras
a los hombres y a los perros.
Peplos que flotan consumidos de deseo
flores nacidas de la noche perforada
nubes conformadas por titanes ya sin cielo
se extiende la veladura magistral
que ignora las ventanas e ilumina los peristilos.
Dulces tiempos no cantados por los bardos
Copas cálidas en las que el ámbar es hielo
cópulas con sátiros y ninfas bajo esféricos limoneros
mientras Penélope desteje los hilos de la historia
y deja los rastros cambiantes de los ópalos
en pago a sus cortejos despedazados.
Se abren las puertas del destierro y del desierto
con sus fauces abiertas para ignorar los cánticos
de los monjes errabundos que salmodian entre las rocas
Dulces tiempos de cariátides y guerreros
de nubes color de olvido
de mármoles y perros hambrientos.
Ilust.: “Las musas inquietantes”. G. de Chirico. 1917
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