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Jamás estuve muerto

Mauricio Del Piano

Poeta recién llegado
Jamás estuve muerto

es que solo dormía
dentro del ulular de mi conciencia
y, a veces,
también gemía,

mas tú no me escuchaste
no era, ni fue preciso tanto alarde,
pues era mi sangre,
quien, de cara al viento, se llenaba de más aire.

Anduve, deambulando por ahí,
entre tanta encrucijada y laberintos varios
entre tanta partícula suspendida y danzando,
entre los rayos cósmicos del astro.

A veces me veo desde abajo y, a veces,
desde lo alto, pero también te veo a ti
junto; justo aquí a mi lado...

Son tus manos amadas
las que me recorren y silentes
me han susurrado que despierte
del letargo.


¡Te he amado tanto!


Ya estoy cansado, mas no de quererte y sigo esperando
la luz más tenue que ha habitado

aca en mi manto; ése que te cubre y
recubre, mientras me miras con el fondo
de tus ojos

lejanos.

No partiré aún: no es necesario
habré de encontrar esos versos que no mueren
imperecederos como el viento que cruza
de boca a boca, mientras se erige el beso
más tierno del firmamento y de mi requiebro.

Yo te levantaré desde mis labios
cual estatua flotante para verte y,

mientras esbozo mi sonrisa queda



sabrás que he partido,


mas mis versos
se quedan, junto a ti, a tu lado: el testimonio serán



el testigo de mis besos,



serán mis versos.






 
Jamás estuve muerto

es que solo dormía
dentro del ulular de mi conciencia
y, a veces,
también gemía,

mas tú no me escuchaste
no era, ni fue preciso tanto alarde,
pues era mi sangre,
quien, de cara al viento, se llenaba de más aire.

Anduve, deambulando por ahí,
entre tanta encrucijada y laberintos varios
entre tanta partícula suspendida y danzando,
entre los rayos cósmicos del astro.

A veces me veo desde abajo y, a veces,
desde lo alto, pero también te veo a ti
junto; justo aquí a mi lado...

Son tus manos amadas
las que me recorren y silentes
me han susurrado que despierte
del letargo.


¡Te he amado tanto!


Ya estoy cansado, mas no de quererte y sigo esperando
la luz más tenue que ha habitado

aca en mi manto; ése que te cubre y
recubre, mientras me miras con el fondo
de tus ojos

lejanos.

No partiré aún: no es necesario
habré de encontrar esos versos que no mueren
imperecederos como el viento que cruza
de boca a boca, mientras se erige el beso
más tierno del firmamento y de mi requiebro.

Yo te levantaré desde mis labios
cual estatua flotante para verte y,

mientras esbozo mi sonrisa queda



sabrás que he partido,


mas mis versos
se quedan, junto a ti, a tu lado: el testimonio serán



el testigo de mis besos,



serán mis versos.







Muy hermos.
Un beso,
Rosario
 

No partiré aún: no es necesario
habré de encontrar esos versos que no mueren
imperecederos como el viento que cruza
de boca a boca, mientras se erige el beso
más tierno del firmamento y de mi requiebro.



__________________________________



Hay tantos modos de partir, Mauricio. Algunos son permanencias más allá de la ausencia. Otros son ausencias pese a lo real de la presencia. Hay tantos modos de partir... tu poema me ha partido en dos, en cinco, en mil. Para quedarse.

Y hablando de partidas, todavía no he logrado hacerlo de tu tierra, aunque ya estoy en la mía. Oh, el rumor del Mapocho.

Un abrazo y estrellas.
 

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