Alejandro Gado
Poeta recién llegado
Hacia la ceniza, la cama con su inocencia de jardín,
las hojas de los árboles llorando como buitres que van pariendo aire,
porque el azul es hierba y es metal pedregoso.
Ando ancho como un racimo de ventanas, caen los diplomas en los calendarios,
nuestras líneas arrancan con su lengua que arde los segundos y hasta nuestro alfabeto.
Me gustan las ofertas de fin de temporada,
admiro los cabellos con que se imprimen helicópteros y los viajes de noche.
Perímetros de soledad con el olor a tierra, no es la culpa del viento.
Con tantas lágrimas podríamos construir una hidroeléctrica,
pero no es responsabilidad de la tormenta y nada tiene que ver con los museos.
Algunos miden la inmortalidad con una regla.
Los abrazos se pueden envolver para regalo.
Hoy es un día marrón y nuestras madres no saben que entre cables polvorosos,
ahora un par de flores se desangran.