manuel flores pinzon
Poeta fiel al portal
Salta mi interior asomándose mi corazón,
Suena la nota sincopada de la boca amable del saxofón,
Altiva, metálica, sedosa y suave como flor, quejante y reclamadora.
Atraviesa la frontera mi alma que se corta.
Viene el swing haciéndome cerrar los ojos sin fijar,
Llega el compás alejando la conciencia firme,
Se queja mi alma negra que se reconoce,
Mi corazón más lento anda, vibrando mi sangre.
Muevo rítmicamente la cabeza poseída,
El efecto es flotante, meciente,
Corta la voz mi alma en una palabra silenciosa,
Luego fulmínenla sus acompañantes rítmicos.
Me habla salvándome, yo en ella ensimismado,
Ya no suplico ni engaño, solo siento fluir la agonía en dulce bálsamo.
Floto encima de mi cabeza enajenada,
La voz ronca no titubea haciendo cambiar mi gesto.
Entra la negra música por todos mis poros posibles existentes,
Se retiene, congela mis píes, exacerba mi alma enchinando mi piel
Fijando mis ojos en blanco, salva mi orientación.
¡Hay que música! Un barrio pobre, un negro que se queja, una sórdida trompeta que habla del atardecer frente al ocaso,
un sentimiento, soledad, amor. Todo cuajándose al ocaso.
Suena la nota sincopada de la boca amable del saxofón,
Altiva, metálica, sedosa y suave como flor, quejante y reclamadora.
Atraviesa la frontera mi alma que se corta.
Viene el swing haciéndome cerrar los ojos sin fijar,
Llega el compás alejando la conciencia firme,
Se queja mi alma negra que se reconoce,
Mi corazón más lento anda, vibrando mi sangre.
Muevo rítmicamente la cabeza poseída,
El efecto es flotante, meciente,
Corta la voz mi alma en una palabra silenciosa,
Luego fulmínenla sus acompañantes rítmicos.
Me habla salvándome, yo en ella ensimismado,
Ya no suplico ni engaño, solo siento fluir la agonía en dulce bálsamo.
Floto encima de mi cabeza enajenada,
La voz ronca no titubea haciendo cambiar mi gesto.
Entra la negra música por todos mis poros posibles existentes,
Se retiene, congela mis píes, exacerba mi alma enchinando mi piel
Fijando mis ojos en blanco, salva mi orientación.
¡Hay que música! Un barrio pobre, un negro que se queja, una sórdida trompeta que habla del atardecer frente al ocaso,
un sentimiento, soledad, amor. Todo cuajándose al ocaso.