jehová chiquito

Funámbula Peperina

Poeta recién llegado
Nos quedaremos en el universo
cual dos moscas muertas
dos perros tirados
cual dos puras nadas
Ellos también amaban
y querían entender

Jaroslaw Iwaszkiewicz​

jehú:
esa noche descubrí la ironía de tu nombre
-tu karma-
al percibir la voz de pan dulce
que guardabas bajo ese rostro cetrino
iluminado por la infame luz del hotel

donde aprendimos a coreografiar tu incesante pestañeo
con el gesto nervioso de mi boca
para hacer de nuestra tristeza una verbena.

esa noche me enseñaste tu osamenta manchada de tedio
y yo quise ensuciarme los labios

porque siempre he sabido de la gran nada
que sucede a cada uno de mis pasos y por eso grité -quédate-.

(había agua, lodo y aullidos preciosos.
mis pies se plantaron firmes en plena taquicardia
-quería entender-)

escribí todo eso en alguna orilla de la noche donde pudiera refugiarme de lo inevitable
-extrañar/ ola partida de vuelta a la nada-,

y recordarme siempre la lluvia
que precipitó el ladrido de aquellos perros hambrientos
como un canto de esperanza

qué bonito -pensé-
los perros sí saben del amor.
 
Última edición:
te descubrí tarde, pero te descubrí... lo importante es la existencia, no el tiempo
 
Nos quedaremos en el universo
cual dos moscas muertas
dos perros tirados
cual dos puras nadas
Ellos también amaban
y querían entender

Jaroslaw Iwaszkiewicz​

jehú:
esa noche descubrí la ironía de tu nombre
-tu karma-
al percibir la voz de pan dulce
que guardabas bajo ese rostro cetrino
iluminado por la infame luz del hotel

donde aprendimos a coreografiar tu incesante pestañeo
con el gesto nervioso de mi boca
para hacer de nuestra tristeza una verbena.

esa noche me enseñaste tu osamenta manchada de tedio
y yo quise ensuciarme los labios

porque siempre he sabido de la gran nada
que sucede a cada uno de mis pasos y por eso grité -quédate-.

(había agua, lodo y aullidos preciosos.
mis pies se plantaron firmes en plena taquicardia
-quería entender-)

escribí todo eso en alguna orilla de la noche donde pudiera refugiarme de lo inevitable
-extrañar/ ola partida de vuelta a la nada-,

y recordarme siempre la lluvia
que precipitó el ladrido de aquellos perros hambrientos
como un canto de esperanza

qué bonito -pensé-
los perros sí saben del amor.
Impresionante lo que aquí haces. Qué expresión tan acabada y genuina.

Te acabo de descubrir y me doy cuenta que ya no publicas. Qué sad.

Muchas gracias.
 

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