Big Bear
Poeta que considera el portal su segunda casa
Jilguero
Tristezas trina el jilguero
en su aguacero del umbral tan vacío,
el rocío de su dentro es bullanguero,
milonguero entre la lluvia y el hastío.
Su albedrío cierra el paso al cielo.
Sin su velo, Dios se duerme en la cama
y no es su rama un horizonte y ciruelo
sino un desconsuelo que se torna fría flama.
Llueve, los rayos preñan la noche.
Adentro, el alma implora ansiedades,
nimiedades del amor y el reproche
solo un broche a tantas crueldades.
Trinando tristezas pasa el llanto
cantando veloz su mantra sereno,
cuando un trueno del negro amaranto,
se hace aura de canto sarraceno.
Jilguero sin vuelo, sin olas, ni duelos;
borrachos destellos gimes como suevo.
Sin mañanas para surcar anhelos
vuela a otro nido y trina de nuevo.
Tristezas trina el jilguero
en su aguacero del umbral tan vacío,
el rocío de su dentro es bullanguero,
milonguero entre la lluvia y el hastío.
Su albedrío cierra el paso al cielo.
Sin su velo, Dios se duerme en la cama
y no es su rama un horizonte y ciruelo
sino un desconsuelo que se torna fría flama.
Llueve, los rayos preñan la noche.
Adentro, el alma implora ansiedades,
nimiedades del amor y el reproche
solo un broche a tantas crueldades.
Trinando tristezas pasa el llanto
cantando veloz su mantra sereno,
cuando un trueno del negro amaranto,
se hace aura de canto sarraceno.
Jilguero sin vuelo, sin olas, ni duelos;
borrachos destellos gimes como suevo.
Sin mañanas para surcar anhelos
vuela a otro nido y trina de nuevo.
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