Me jode que el soneto me persiga,
que quiera emborronarme los cuadernos,
que rime, como riman los inviernos,
con esta soledad que no me abriga.
Se cuela entre mis musas, me castiga
con su métrica atroz de mil infiernos
y exige que le cuente mis eternos
fracasos, con nostalgia y sin fatiga.
No importa que le implores o le reces,
pide la precisión de una balanza
como el más riguroso de los jueces.
Mas sabe que si escribo sin templanza
lo hago por no llorar y porque, a veces,
los versos descongelan la esperanza.
que quiera emborronarme los cuadernos,
que rime, como riman los inviernos,
con esta soledad que no me abriga.
Se cuela entre mis musas, me castiga
con su métrica atroz de mil infiernos
y exige que le cuente mis eternos
fracasos, con nostalgia y sin fatiga.
No importa que le implores o le reces,
pide la precisión de una balanza
como el más riguroso de los jueces.
Mas sabe que si escribo sin templanza
lo hago por no llorar y porque, a veces,
los versos descongelan la esperanza.