lluvia de enero
Simplemente mujer
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José Lezama Lima (1910 -1976) Poeta, narrador y ensayista cubano considerado uno de los autores más importantes de su país y de la literatura hispanoamericana, especialmente por su novela Paradiso, considerada una de las obras más importantes de la lengua castellana.
La vida de José María Andrés Fernando Lezama Lima estuvo dedicada casi por completo a las iniciativas culturales que promovió y a su extensa creación literaria. Nació en La Habana el 19 de diciembre de 1910. Desde muy pequeño queda atrapado por la lectura de grandes obras de la literatura universal, sobre las que ejerce una profunda asimilación. En 1929 ingresa en la Universidad de La Habana para estudiar Derecho y vive las revueltas estudiantiles contra la dictadura de Gerardo Machado: la Universidad permanece cerrada desde 1930 a 1933. Termina su carrera en 1938, cuando ya había publicado su poemario Muerte de Narciso (1936). En esa misma época dirige sucesivas revistas de significación incalculable dentro la historia cultural cubana de este siglo: Verbum, Espuela de plata, Nadie parecía y Orígenes; esta última dio nombre a uno de los grupos poéticos más fecundos y señeros de la literatura hispanoamericana contemporánea. El grupo Orígenes se propone una esforzada tarea de profundización en las raíces de la cultura cubana, que le lleva a indagar en las aportaciones más gloriosas de la cultura universal.
Lezama sigue publicando una serie de poemarios capitales en la historia de la poesía cubana: Enemigo rumor (1941), Aventuras sigilosas (1945), La fijeza (1949), Dador (1960).
En ellos Lezama expresa sus convicciones filosóficas y religiosas mediante un lenguaje hermético de exuberante simbolismo, que al final se abre notoriamente a la experiencia biográfica.
Cuando triunfa la Revolución en Cuba, es nombrado Subdirector del departamento de Publicaciones. Después desempeñará el cargo de director de la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País. En 1964 muere su madre, Rosa Lima de Lezama, con la que él vivía, y este hecho le produce una importante crisis anímica.
En 1966 aparece su primera y única novela publicada en vida, Paradiso, obra que sintetiza su sistema poético y su propuesta estética en un texto que desde su aparición suscitó los más entusiastas elogios y las más reaccionarias críticas. En su momento el gobierno cubano calificó la novela de "pornográfica" por el tema de la homosexualidad presente en ella, llegando a acusar a Lezama de contrarrevolucionario en 1971. En años posteriores las autoridades rectificaron esa primera lectura, valorando y reivindicando la obra y el legado lezamiano.
En apretadísima síntesis, podría decirse que toda la obra de Lezama se dirige voluntariamente a la exposición de una visión del mundo y de la literatura que el autor había cimentado en una densa y variada formación intelectual. Panteísmo y trascendencia conviven en su pensamiento, de un modo semejante al que enseña la filosofía de Plotino. La poesía, en sus manos, se convierte en una ascesis o camino de perfeccionamiento espiritual, sus palabras tienden a alejarse del lenguaje racional-conceptual para discurrir libremente por el camino aventurero de las imágenes, que adquieren en su lengua poética especial expresividad debido a la abundancia inagotable de la emoción y el pensamiento.
En 1970 abandona su cargo público para dedicarse de lleno a su producción literaria y desaparecer casi por completo de la vida social. Muere en La Habana el 9 de agosto de 1976.
Datos biográficos extraídos de: http://www.opuslibros.org/Index_libros/Recensiones_1/lezama_par.htm
***************
LOS FRAGMENTOS DE LA NOCHE
Cómo aislar los fragmentos de la noche
para apretar algo con las manos,
como la liebre penetra en su oscuridad
separando dos estrellas
apoyadas en el brillo de la yerba húmeda.
La noche respira en una intocable humedad,
no en el centro de la esfera que vuela,
y todo lo va uniendo, esquinas o fragmentos,
hasta formar el irrompible tejido de la noche,
sutil y completo como los dedos unidos
que apenas dejan pasar el agua,
como un cestillo mágico
que nada vacío dentro del río.
Yo quería separar mis manos de la noche,
pero se oía una gran sonoridad que no se oía,
como si todo mi cuerpo cayera sobre una serafina
silenciosa en la esquina del templo.
La noche era un reloj no para el tiempo
sino para la luz,
era un pulpo que era una piedra,
era una tela como una pizarra llena de ojos.
Yo quería rescatar la noche
aislando sus fragmentos,
que nada sabían de un cuerpo,
de una tuba de órgano
sino la sustancia que vuela
desconociendo los pestañeos de la luz.
Quería rescatar la respiración
y se alzaba en su soledad y esplendor,
hasta formar el neuma universal
anterior a la aparición del hombre.
La suma respirante
que forma los grandes continentes
de la aurora que sonríe
con zancos infantiles.
Yo quería rescatar los fragmentos de la noche
y formaba una sustancia universal,
comencé entonces a sumergir
los dedos y los ojos en la noche,
le soltaba todas las amarras a la barcaza.
Era un combate sin término,
entre lo que yo le quería quitar a la noche
y lo que la noche me regalaba.
El sueño, con contornos de diamante,
detenía a la liebre
con orejas de trébol.
Momentáneamente tuve que abandonar la casa
para darle paso a la noche.
Qué brusquedad rompió esa continuidad,
entre la noche trazando el techo,
sosteniéndolo como entre dos nubes
que flotaban en la oscuridad sumergida.
En el comienzo que no anota los nombres,
la llegada de lo diferenciado con campanillas
de acero, con ojos
para la profundidad de las aguas
donde la noche reposaba.
Como en un incendio,
yo quería sacar los recuerdos de la noche,
el tintineo hacia dentro del golpe mate,
como cuando con la palma de la mano
golpeamos la masa de pan.
El sueño volvió a detener a la liebre
que arañaba mis brazos
con palillos de aguarrás.
Riéndose, repartía por mi rostro
grandes cicatrices.
ESPERAR LA AUSENCIA
Estar en la noche
esperando una visita,
o no esperando nada
y ver cómo el sillón lentamente
va avanzando hasta alejarse de la lámpara.
Sentirse más adherido a la madera
mientras el movimiento del sillón
va inquietando los huesos escondidos,
como si quisiéramos que no fueran vistos
por aquellos que van a llegar.
Los cigarros van reemplazando
los ojos de los que no van a llegar.
Colocamos el pañuelo
sobre el cenicero para que no se vea
el fondo de su cristal,
los dientes de sus bordes,
los colores que imitan sus dedos
sacudiendo la ausencia y la presencia
en las entrañas que van a ser sopladas.
La visita o la nada
cubiertas por el pañuelo,
como el llegar de la lluvia
para oídos lejanos,
saltan del cenicero,
preparando la eternidad
de sus pisadas o se organizan
inclinándose sobre un montón de hojas
que chisporrotean sobre el jarrón
de la abuela,
huyendo del cenicero.
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José Lezama Lima (1910 -1976) Poeta, narrador y ensayista cubano considerado uno de los autores más importantes de su país y de la literatura hispanoamericana, especialmente por su novela Paradiso, considerada una de las obras más importantes de la lengua castellana.
La vida de José María Andrés Fernando Lezama Lima estuvo dedicada casi por completo a las iniciativas culturales que promovió y a su extensa creación literaria. Nació en La Habana el 19 de diciembre de 1910. Desde muy pequeño queda atrapado por la lectura de grandes obras de la literatura universal, sobre las que ejerce una profunda asimilación. En 1929 ingresa en la Universidad de La Habana para estudiar Derecho y vive las revueltas estudiantiles contra la dictadura de Gerardo Machado: la Universidad permanece cerrada desde 1930 a 1933. Termina su carrera en 1938, cuando ya había publicado su poemario Muerte de Narciso (1936). En esa misma época dirige sucesivas revistas de significación incalculable dentro la historia cultural cubana de este siglo: Verbum, Espuela de plata, Nadie parecía y Orígenes; esta última dio nombre a uno de los grupos poéticos más fecundos y señeros de la literatura hispanoamericana contemporánea. El grupo Orígenes se propone una esforzada tarea de profundización en las raíces de la cultura cubana, que le lleva a indagar en las aportaciones más gloriosas de la cultura universal.
Lezama sigue publicando una serie de poemarios capitales en la historia de la poesía cubana: Enemigo rumor (1941), Aventuras sigilosas (1945), La fijeza (1949), Dador (1960).
En ellos Lezama expresa sus convicciones filosóficas y religiosas mediante un lenguaje hermético de exuberante simbolismo, que al final se abre notoriamente a la experiencia biográfica.
Cuando triunfa la Revolución en Cuba, es nombrado Subdirector del departamento de Publicaciones. Después desempeñará el cargo de director de la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País. En 1964 muere su madre, Rosa Lima de Lezama, con la que él vivía, y este hecho le produce una importante crisis anímica.
En 1966 aparece su primera y única novela publicada en vida, Paradiso, obra que sintetiza su sistema poético y su propuesta estética en un texto que desde su aparición suscitó los más entusiastas elogios y las más reaccionarias críticas. En su momento el gobierno cubano calificó la novela de "pornográfica" por el tema de la homosexualidad presente en ella, llegando a acusar a Lezama de contrarrevolucionario en 1971. En años posteriores las autoridades rectificaron esa primera lectura, valorando y reivindicando la obra y el legado lezamiano.
En apretadísima síntesis, podría decirse que toda la obra de Lezama se dirige voluntariamente a la exposición de una visión del mundo y de la literatura que el autor había cimentado en una densa y variada formación intelectual. Panteísmo y trascendencia conviven en su pensamiento, de un modo semejante al que enseña la filosofía de Plotino. La poesía, en sus manos, se convierte en una ascesis o camino de perfeccionamiento espiritual, sus palabras tienden a alejarse del lenguaje racional-conceptual para discurrir libremente por el camino aventurero de las imágenes, que adquieren en su lengua poética especial expresividad debido a la abundancia inagotable de la emoción y el pensamiento.
En 1970 abandona su cargo público para dedicarse de lleno a su producción literaria y desaparecer casi por completo de la vida social. Muere en La Habana el 9 de agosto de 1976.
Datos biográficos extraídos de: http://www.opuslibros.org/Index_libros/Recensiones_1/lezama_par.htm
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LOS FRAGMENTOS DE LA NOCHE
Cómo aislar los fragmentos de la noche
para apretar algo con las manos,
como la liebre penetra en su oscuridad
separando dos estrellas
apoyadas en el brillo de la yerba húmeda.
La noche respira en una intocable humedad,
no en el centro de la esfera que vuela,
y todo lo va uniendo, esquinas o fragmentos,
hasta formar el irrompible tejido de la noche,
sutil y completo como los dedos unidos
que apenas dejan pasar el agua,
como un cestillo mágico
que nada vacío dentro del río.
Yo quería separar mis manos de la noche,
pero se oía una gran sonoridad que no se oía,
como si todo mi cuerpo cayera sobre una serafina
silenciosa en la esquina del templo.
La noche era un reloj no para el tiempo
sino para la luz,
era un pulpo que era una piedra,
era una tela como una pizarra llena de ojos.
Yo quería rescatar la noche
aislando sus fragmentos,
que nada sabían de un cuerpo,
de una tuba de órgano
sino la sustancia que vuela
desconociendo los pestañeos de la luz.
Quería rescatar la respiración
y se alzaba en su soledad y esplendor,
hasta formar el neuma universal
anterior a la aparición del hombre.
La suma respirante
que forma los grandes continentes
de la aurora que sonríe
con zancos infantiles.
Yo quería rescatar los fragmentos de la noche
y formaba una sustancia universal,
comencé entonces a sumergir
los dedos y los ojos en la noche,
le soltaba todas las amarras a la barcaza.
Era un combate sin término,
entre lo que yo le quería quitar a la noche
y lo que la noche me regalaba.
El sueño, con contornos de diamante,
detenía a la liebre
con orejas de trébol.
Momentáneamente tuve que abandonar la casa
para darle paso a la noche.
Qué brusquedad rompió esa continuidad,
entre la noche trazando el techo,
sosteniéndolo como entre dos nubes
que flotaban en la oscuridad sumergida.
En el comienzo que no anota los nombres,
la llegada de lo diferenciado con campanillas
de acero, con ojos
para la profundidad de las aguas
donde la noche reposaba.
Como en un incendio,
yo quería sacar los recuerdos de la noche,
el tintineo hacia dentro del golpe mate,
como cuando con la palma de la mano
golpeamos la masa de pan.
El sueño volvió a detener a la liebre
que arañaba mis brazos
con palillos de aguarrás.
Riéndose, repartía por mi rostro
grandes cicatrices.
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ESPERAR LA AUSENCIA
Estar en la noche
esperando una visita,
o no esperando nada
y ver cómo el sillón lentamente
va avanzando hasta alejarse de la lámpara.
Sentirse más adherido a la madera
mientras el movimiento del sillón
va inquietando los huesos escondidos,
como si quisiéramos que no fueran vistos
por aquellos que van a llegar.
Los cigarros van reemplazando
los ojos de los que no van a llegar.
Colocamos el pañuelo
sobre el cenicero para que no se vea
el fondo de su cristal,
los dientes de sus bordes,
los colores que imitan sus dedos
sacudiendo la ausencia y la presencia
en las entrañas que van a ser sopladas.
La visita o la nada
cubiertas por el pañuelo,
como el llegar de la lluvia
para oídos lejanos,
saltan del cenicero,
preparando la eternidad
de sus pisadas o se organizan
inclinándose sobre un montón de hojas
que chisporrotean sobre el jarrón
de la abuela,
huyendo del cenicero.
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