Isidora_Luna
Poeta recién llegado
Jota del clérigo rimado
por I. Luna
En un púlpito de egos,
de liturgia bien rimada,
predica un fraile versado
con la sílaba contada.
No admite en su doctrina
ni sinalefa torcida,
el verso lo quiere puro,
como hostia no mordida.
Con su regla y su cuaderno
va juzgando al trovador,
y si una rima no es la suya…
te condena sin pudor.
Te mira de paso los acentos,
bendice o maldice, tu punto y coma;
si un ritmo se le descuadra en la mirada
Grita afectado: "¡herejía asoma!"
Su fe no está en el misterio,
ni en la imagen o el dolor,
sino en su propia santa métrica
que castiga sin perdón.
Solo su biblia es la justa,
la que dicta el buen compás.
Las demás son apócrifas…
¡y conducen al jamás!
Siempre gruñe entre los textos,
de amenaza y de desprecio.
Si le ves que ya sonríe…
es su ego, no su aprecio.
Montado en burro que masca heno,
habla en tono de sermón,
y si insinúas "yo vengo en paz",
te manda al paredón.
Mas ten cuidado, poeta,
si te acercas a su altar:
si no le gusta tu cara…
también te aplica sanción penal.
Y ya se acaba la coplita
con advertencia final:
no se te ocurra pisar su iglesia,
ni aunque vayas de corazón leal.
Porque aparece el cura ese y…
¡ ni tres padres nuestros te salvan
de su infierno editorial !
por I. Luna
En un púlpito de egos,
de liturgia bien rimada,
predica un fraile versado
con la sílaba contada.
No admite en su doctrina
ni sinalefa torcida,
el verso lo quiere puro,
como hostia no mordida.
Con su regla y su cuaderno
va juzgando al trovador,
y si una rima no es la suya…
te condena sin pudor.
Te mira de paso los acentos,
bendice o maldice, tu punto y coma;
si un ritmo se le descuadra en la mirada
Grita afectado: "¡herejía asoma!"
Su fe no está en el misterio,
ni en la imagen o el dolor,
sino en su propia santa métrica
que castiga sin perdón.
Solo su biblia es la justa,
la que dicta el buen compás.
Las demás son apócrifas…
¡y conducen al jamás!
Siempre gruñe entre los textos,
de amenaza y de desprecio.
Si le ves que ya sonríe…
es su ego, no su aprecio.
Montado en burro que masca heno,
habla en tono de sermón,
y si insinúas "yo vengo en paz",
te manda al paredón.
Mas ten cuidado, poeta,
si te acercas a su altar:
si no le gusta tu cara…
también te aplica sanción penal.
Y ya se acaba la coplita
con advertencia final:
no se te ocurra pisar su iglesia,
ni aunque vayas de corazón leal.
Porque aparece el cura ese y…
¡ ni tres padres nuestros te salvan
de su infierno editorial !