eduardocarpio
Poeta adicto al portal
JÓVENES IDILIOS
Ellos entibian la vida
sin pábulo ni cansancio
hasta el ocaso macizo
con sus extraños opacos
y suaves melancolías;
donde la aurora en plenario
en su indecisa penumbra,
abre senderos al tacto
llameantes a certeza
y como un mar sin descanso
se encrespa y los extenúa...
Cuántas flores deshojaron,
cuántas miradas intensas
cuántos placeres extraños
en la flor de una caricia,
en la primicia del rapto,
en el cristal de la pena
en el despertar temprano....
Fragancias de la arboleda
colores del entusiasmo,
soslayan las celosías
y sedimentan el cántaro
con la ternura que nace
como besos en los labios,
como las rosas del alma...
Ya dos tórtolas de blanco,
volando su plenitud;
los jazmines entre tanto,
más que flores de alegría,
más que cualquier silabario,
entonan los ruiseñores
madurado en lo más alto;
y desnudos de palabras
ponen alas al ensayo
más allá de las mejillas
en la emoción de un abrazo...
Será el espacio infinito,
será descubrir centauros
o tal vez en un lucero
al mismo Dios encumbrado...
eduardocarpio
3 de octubre de 2014
Ellos entibian la vida
sin pábulo ni cansancio
hasta el ocaso macizo
con sus extraños opacos
y suaves melancolías;
donde la aurora en plenario
en su indecisa penumbra,
abre senderos al tacto
llameantes a certeza
y como un mar sin descanso
se encrespa y los extenúa...
Cuántas flores deshojaron,
cuántas miradas intensas
cuántos placeres extraños
en la flor de una caricia,
en la primicia del rapto,
en el cristal de la pena
en el despertar temprano....
Fragancias de la arboleda
colores del entusiasmo,
soslayan las celosías
y sedimentan el cántaro
con la ternura que nace
como besos en los labios,
como las rosas del alma...
Ya dos tórtolas de blanco,
volando su plenitud;
los jazmines entre tanto,
más que flores de alegría,
más que cualquier silabario,
entonan los ruiseñores
madurado en lo más alto;
y desnudos de palabras
ponen alas al ensayo
más allá de las mejillas
en la emoción de un abrazo...
Será el espacio infinito,
será descubrir centauros
o tal vez en un lucero
al mismo Dios encumbrado...
eduardocarpio
3 de octubre de 2014