Corazón Delator
Poeta recién llegado
Juan Sin Tierra
Mi nombre es
Juan sin Tierra.
Y al contrario
de lo que se pueda pensar,
no tengo reino
ni reina.
Cabalgo
bajo un cielo
eternamente gris
y no entiendo
de tormentas.
Pues riego a mi paso
los campos
con lágrimas
de mis propios ojos.
En lo que a mí respecta,
no tengo madre
ni padre,
ni vengo de cuna alguna.
Mamé leche amarga
de una noche de verano,
y la luna
y las estrellas
me arrullaron
en una cama de espinos.
Viajo hacia
…
ninguna parte.
El rumbo
ya no importa.
Por algo soy
Juan sin Tierra,
sin brújula
y sin destino.
En tristes noches
hago zurcidos en el cielo,
colocando parches negros
por huecos donde se escapa
la luz del sol.
Hice carrera deshojando
margaritas;
una por cada recuerdo,
a orden de tres flores
por minuto.
No tengo patria
que me reclame.
Tuve una.
Estaba entre tus brazos,
pero estos ya no
me llaman.
Me desterraron
de tu corazón,
y me expulsaron
de tu alma.
Desde entonces respondo
al melancólico nombre de
Juan sin Tierra.
No duermo
desde hace mil inviernos,
por miedo a que
al dormir
te sueñe.
No como
más que raíces,
por temor a probar
algo más dulce
que tus labios.
Y por más que camino
en pos del olvido,
no hallo ningún consuelo.
Y es que sin ti
no soy nada.
Una gota de agua
en una fuente
de hielo.
No soy nadie.
Solo eso,
solo
Juan sin Tierra.
Mi nombre es
Juan sin Tierra.
Y al contrario
de lo que se pueda pensar,
no tengo reino
ni reina.
Cabalgo
bajo un cielo
eternamente gris
y no entiendo
de tormentas.
Pues riego a mi paso
los campos
con lágrimas
de mis propios ojos.
En lo que a mí respecta,
no tengo madre
ni padre,
ni vengo de cuna alguna.
Mamé leche amarga
de una noche de verano,
y la luna
y las estrellas
me arrullaron
en una cama de espinos.
Viajo hacia
…
ninguna parte.
El rumbo
ya no importa.
Por algo soy
Juan sin Tierra,
sin brújula
y sin destino.
En tristes noches
hago zurcidos en el cielo,
colocando parches negros
por huecos donde se escapa
la luz del sol.
Hice carrera deshojando
margaritas;
una por cada recuerdo,
a orden de tres flores
por minuto.
No tengo patria
que me reclame.
Tuve una.
Estaba entre tus brazos,
pero estos ya no
me llaman.
Me desterraron
de tu corazón,
y me expulsaron
de tu alma.
Desde entonces respondo
al melancólico nombre de
Juan sin Tierra.
No duermo
desde hace mil inviernos,
por miedo a que
al dormir
te sueñe.
No como
más que raíces,
por temor a probar
algo más dulce
que tus labios.
Y por más que camino
en pos del olvido,
no hallo ningún consuelo.
Y es que sin ti
no soy nada.
Una gota de agua
en una fuente
de hielo.
No soy nadie.
Solo eso,
solo
Juan sin Tierra.