mamcardenal
Exp..
...
Si tengo que morir
sea
mi ataúd
la atalaya
de tus ojos
que nunca
dejan de soñar.
Si tengo que morir
prefiero ahogarme
en tus párpados,
amaneceres
de mariposa,
que entre mentiras
de algodón.
Prefiero
dejar olvidado
el polvo mágico
del arcoíris
que vivir
la ausencia
de tus besos,
salvajes olas
de mi memoria.
Para remar,
cruzar ríos,
estepas o los desiertos,
siempre tus brazos,
delicadeza de haikú,
envidia de los juncos
que intentan en vano asir
al viento,
su eterno enamorado.
(Para acurrucarme
el nido que hace tu cara
cuando te enfadas).
Porque aunque
tengo mil formas de quererte
ninguna tan fuerte como tú misma,
ninguna tan loca como yo
si me dejaras a tu lado.
Porque sólo tengo una manera
de estar contigo y esa forma
tiene innumerables nombres
que no se llaman Miguel o Manuel.
Porque si negocié con el cielo
un ser bueno y amable
lo único que me concedió
fue un ser distinto
a la brisa más perfecta
que ronda tu cara
al más inspirado aliento
de mis veleros.
Si tuviera que atravesar el desierto,
el más liviano de los infiernos
entre tu boca y la mía,
pondría como condición
dejar grabado mi nombre
en tus caderas.
Mientras no sea esto así,
para islas desiertas,
tengo diversas formas de abordaje,
juegos de amor en la maleta.
Si tengo que morir
que tus ojos sean
mi ataúd
y mi atalaya.
Que nunca termine
de ver tus amaneceres
entre mis manos
impregnadas ya
del polvo mágico
de mil arco iris:
Tus párpados
de mariposa.
Si tengo que morir
sea
mi ataúd
la atalaya
de tus ojos
que nunca
dejan de soñar.
Si tengo que morir
prefiero ahogarme
en tus párpados,
amaneceres
de mariposa,
que entre mentiras
de algodón.
Prefiero
dejar olvidado
el polvo mágico
del arcoíris
que vivir
la ausencia
de tus besos,
salvajes olas
de mi memoria.
Para remar,
cruzar ríos,
estepas o los desiertos,
siempre tus brazos,
delicadeza de haikú,
envidia de los juncos
que intentan en vano asir
al viento,
su eterno enamorado.
(Para acurrucarme
el nido que hace tu cara
cuando te enfadas).
Porque aunque
tengo mil formas de quererte
ninguna tan fuerte como tú misma,
ninguna tan loca como yo
si me dejaras a tu lado.
Porque sólo tengo una manera
de estar contigo y esa forma
tiene innumerables nombres
que no se llaman Miguel o Manuel.
Porque si negocié con el cielo
un ser bueno y amable
lo único que me concedió
fue un ser distinto
a la brisa más perfecta
que ronda tu cara
al más inspirado aliento
de mis veleros.
Si tuviera que atravesar el desierto,
el más liviano de los infiernos
entre tu boca y la mía,
pondría como condición
dejar grabado mi nombre
en tus caderas.
Mientras no sea esto así,
para islas desiertas,
tengo diversas formas de abordaje,
juegos de amor en la maleta.
Si tengo que morir
que tus ojos sean
mi ataúd
y mi atalaya.
Que nunca termine
de ver tus amaneceres
entre mis manos
impregnadas ya
del polvo mágico
de mil arco iris:
Tus párpados
de mariposa.