Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Por toda la casa se encuentran juguetes
de cientos de formas y miles colores,
encima y debajo de los taburetes,
muñecas sonrientes vestidas de flores,
soldados de plomo les rinden honores.
Hay tantos que hay grandes, medianos, pequeños
y en manos de niños inspiran los sueños,
que en pocos segundos los hacen señores.
Un fuerte castillo de palos de helados,
descansa apacible en cama tendida,
está protegido por varios soldados
y un tigre gigante de cara dormida,
también un payaso, mirada perdida,
sus ojos, botones, vigilan al frente.
Muñecos de felpa se ven de repente
cuidando el castillo... jugando a la vida.
Los amos del reino se encuentran juiciosos
tomando la sopa, mirando al futuro,
planeando batallas de aviones con osos
y globos inflados que tumban un muro,
miradas que funden el hierro más duro.
Son héroes que vuelan por toda la casa,
disparan sus armas de pan con mostaza
y es siempre el ropero, lugar muy seguro.
Despiertan temprano, comienzan los sueños,
teatro infantil, brillantes actores,
historias gigantes de grandes pequeños
que envidian las plumas de mil escritores,
con carros, muñecas y selvas de flores.
A veces descubres, si al cuento te metes,
que en toda la casa se encuentran juguetes
de cientos de formas y miles colores.
de cientos de formas y miles colores,
encima y debajo de los taburetes,
muñecas sonrientes vestidas de flores,
soldados de plomo les rinden honores.
Hay tantos que hay grandes, medianos, pequeños
y en manos de niños inspiran los sueños,
que en pocos segundos los hacen señores.
Un fuerte castillo de palos de helados,
descansa apacible en cama tendida,
está protegido por varios soldados
y un tigre gigante de cara dormida,
también un payaso, mirada perdida,
sus ojos, botones, vigilan al frente.
Muñecos de felpa se ven de repente
cuidando el castillo... jugando a la vida.
Los amos del reino se encuentran juiciosos
tomando la sopa, mirando al futuro,
planeando batallas de aviones con osos
y globos inflados que tumban un muro,
miradas que funden el hierro más duro.
Son héroes que vuelan por toda la casa,
disparan sus armas de pan con mostaza
y es siempre el ropero, lugar muy seguro.
Despiertan temprano, comienzan los sueños,
teatro infantil, brillantes actores,
historias gigantes de grandes pequeños
que envidian las plumas de mil escritores,
con carros, muñecas y selvas de flores.
A veces descubres, si al cuento te metes,
que en toda la casa se encuentran juguetes
de cientos de formas y miles colores.
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