Para que no las sueltes, ten mis manos
y recorramos la pradera solos.
Seamos ese par de meridianos
que circundan en longitud sus polos
y riámonos de absurdos protocolos
procurándonos días más livianos
entre frescos aromas de gladiolos,
con letras bobas, ritmos cotidianos.
Firmemos armisticios en batalla.
Atemos el reloj a propia cuerda
viendo cómo esa estrella muda estalla.
Tracemos nuestra vía por la izquierda.
Que gane el juego quien pesar acalla.
Quien se emocione menos que lo pierda.
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