Juicio al corazón de una amistad que se hizo amor

Ezequiel Paez

Poeta asiduo al portal
Juicio al corazón de una amistad que se hizo amor

Sentencia (primera parte)
Una triste carta he recibido citando a mi corazón,
por abandono de funciones se lo ha de acusar
disfrazado de amistad ha querido engañar,
llamando a audición, su compañera la razón.

Inunda la sala en eco sonoro su ronca voz,
la justicia se hace presente con su negro vestir
sin luz que ilumine su cara el silencio hace sentir,
parece le incomoda cuál enfrentamiento atroz.

Se imputa al acusado por el delito de traición
con evidentes ánimos de engaño y falsa identidad,
no le importó ocultar bajo el antifaz su verdad,
procediendo así en el abuso de esa condición.

Pido la palabra, desespera mi grito ahogado,
¡injusticia señor juez!, mi voz exige sonido
entre la multitud de algún sueño dormido,
¡a lugar!, me vence el miedo, intimidado.

Aunque sin preparación y mucha transpiración
tengo como testigo mi alma, fiel compañera,
que apoya mi postura y no dejaría que mintiera
dando fe de no tener quejas y conocer al corazón.

Respiro en el lugar carcajadas sin medida,
quizás no escuchan mi forma de expresión,
será que no es legal y lejos de la constitución
pero seguiré defendiendo esta verdad escondida.

Ante vano intento sigo con la idea de intervenir
pidiendo al jurado clemencia por tal osadía
uno no elige de quien enamorarse, su señoría,
sin el acusado no hay forma, es imposible vivir.

¡No, a lugar!, se oscurece y retumba la sala,
mi voz temblorosa tartamudea sin control,
volteando la mirada a la estúpida razón,
solicito se la escuche, mientras mi dedo la señala.

En tanto mi corazón espera sentado el veredicto,
hundido y encorvado con su rostro al suelo,
apenas se lo ve, llorando y rogando al cielo
que no se lo condene por tal o cual delito.

Ya sin esperanzas me siento llorando a esperar,
con la voz torcida como su cuello, fina emoción,
me dice caso perdido, la acorbatada razón,
sin nada más que hacer este caso se ha de cerrar.

Los letrados me sugieren en un canto lírico
si liberar tu corazón de esta situación quieres
y no pagar la misma sanción perdiendo tus haberes,
sólo te quedan mis honorarios para otro circo.

Un breve receso para buscar respuestas solicito
¡permiso negado, por favor vuelva al lugar!
prisión remitida se escucha a lo lejos gritar.
¡Basta! ustedes me han metido en esto no los necesito.

En eso despierta mi alma que se había dormido,
¡declárate tú culpable de tamaño problema!
¡ten piedad por tu corazón sálvalo de este dilema!
¡entrégate a la justicia te lo tienes más que merecido!

El juez finalmente dictamina su decisión tardía,
se declara culpable de los hechos al acusado
a vivir sin ninguna emoción es condenado,
con vestimenta de conciencia el resto de sus días.

Liberación (segunda parte)
Me dirijo al estrado sin más nada que perder
y busco de reojo a mi amiga que sentada llora,
de ella me enamoré y su perdón mi vida implora,
que con tan solo una mirada basta para creer.

La luz de una lágrima baña sus ojos color miel,
acercándome a ella le ofrezco mi pañuelo
me regala hipnótica sonrisa y siento que vuelo,
cayendo rendido en el dulce aroma de cálida piel.

El amor es de a dos, en corazón fundido
la tomo entre mis brazos y le robo un beso,
perdiéndome en sus caricias cual suave cerezo,
agradeciéndole a Dios por el perdón concedido.

“Liberad al corazón, perdonad al alma y entended a la razón”,
que de los tres necesita Dios para hacer eterna y sagrada esta unión.


Ezequiel Paez
 
Última edición:
Parece que encontré el poema Eze, pero creo haberlo leído en otra parte ::barf::
Muy bello y emotivo, me llegó profundamente...
Un gran abrazo argentino :)
 
Amigos Poetas Ezequiel y Alberto.Han hecho un muy buen tema sobre como juzgar
el perdón en el amor,yo creo que para el perdón, solo se nesecita amar
de todo modo está el tema muy bien realizado. Les mando estrellas a los dos
Reciban sinseros Abrazos Uruguayos
 
Estimados compañeros poetas me impresionaron por la fluidez
y el tema en donde resalta toda una disputa por el perdón
muy bien elaborado para ambos mis felicitaciones y estrellas.

Un abrazo amigos
 
Muy buen tema, bien elaborado, hermoso versar. Me gusto mucho.
Os felicito a los dos.

Besitos

merche
 
Juicio al corazón de una amistad que se hizo amor

Sentencia (primera parte)
Una triste carta he recibido citando a mi corazón,
por abandono de funciones se lo ha de acusar
disfrazado de amistad ha querido engañar,
llamando a audición, su compañera la razón.

Inunda la sala en eco sonoro su ronca voz,
la justicia se hace presente con su negro vestir
sin luz que ilumine su cara el silencio hace sentir,
parece le incomoda cuál enfrentamiento atroz.

Se imputa al acusado por el delito de traición
con evidentes ánimos de engaño y falsa identidad,
no le importó ocultar bajo el antifaz su verdad,
procediendo así en el abuso de esa condición.

Pido la palabra, desespera mi grito ahogado,
¡injustica señor juez!, mi voz exige sonido
entre la multitud de algún sueño dormido,
¡ha lugar!, me vence el miedo, intimidado.

Aunque sin preparación y mucha transpiración
tengo como testigo mi alma, fiel compañera,
que apoya mi postura y no dejaría que mintiera
dando fe de no tener quejas y conocer al corazón.

Respiro en el lugar carcajadas sin medida,
quizás no escuchan mi forma de expresión,
será que no es legal y lejos de la constitución
pero seguiré defendiendo esta verdad escondida.

Ante vano intento sigo con la idea de intervenir
pidiendo al jurado clemencia por tal osadía
uno no elige de quien enamorarse, su señoría,
sin el acusado no hay forma, es imposible vivir.

¡No, ha lugar!, se oscurece y retumba la sala,
mi voz temblorosa tartamudea sin control,
volteando la mirada a la estúpida razón,
solicito se la escuche, mientras mi dedo la señala.

En tanto mi corazón espera sentado el veredicto,
hundido y encorvado con su rostro al suelo,
apenas se lo ve, llorando y rogando al cielo
que no se lo condene por tal o cual delicto.

Ya sin esperanzas me siento llorando a esperar,
con la voz torcida como su cuello, fina emoción,
me dice caso perdido, la acorbatada razón,
sin nada más que hacer este caso se ha de cerrar.

Los letrados me sugieren en un canto lírico
si liberar tu corazón de esta situación quieres
y no pagar la misma sanción perdiendo tus haberes,
sólo te quedan mis honorarios para otro circo.

Un breve receso para buscar respuestas solicito
¡permiso negado, por favor vuelva al lugar!
prisión remitida se escucha a lo lejos gritar.
¡Basta! ustedes me han metido en esto no los necesito.

En eso despierta mi alma que se había dormido,
¡declárate tú culpable de tamaño problema!
¡ten piedad por tu corazón sálvalo de este dilema!
¡entrégate a la justicia te lo tienes más que merecido!

El juez finalmente dictamina su decisión tardía,
se declara culpable de los hechos al acusado
a vivir sin ninguna emoción es condenado,
con vestimenta de conciencia el resto de sus días.


Liberación (segunda parte)
Me dirijo al estrado sin más nada que perder
y busco de reojo a mi amiga que sentada llora,
de ella me enamoré y su perdón mi vida implora,
que con tan solo una mirada basta para creer.

La luz de una lágrima baña sus ojos color miel,
acercándome a ella le ofrezco mi pañuelo
me regala hipnótica sonrisa y siento que vuelo,
cayendo rendido en el dulce aroma de cálida piel.

El amor es de a dos, en corazón fundido
la tomo entre mis brazos y le robo un beso,
perdiéndome en sus caricias cual suave cerezo,
agradeciéndole a Dios por el perdón concedido.

“Liberad al corazón, perdonad al alma y entended a la razón”,
que de los tres necesita Dios para hacer eterna y sagrada esta unión.


Alberto Niño Martinez
Ezequiel Paez
bello Ezequiel, el perdon sana y libera y da paz y felicidad, y el AMOR, es de dos, abrazos y besos
 
El corazón tiene razones que no entiende la razón. Ambos no se comunican ni ante la justicia. El corazón no analiza, se deja arrastrar con el ímpetu pasional de la vida. La razón analiza lo que le conviene y deja de convenir. El corazón te dice: Vive y deja vivir. No escuches la justicia, no escuches la razón. Ambos son impostores que no te dejan vivir tu amor. Escucha muy atento los latidos incesantes del corazón. Ellos y solo ellos harán viables tus sueños de amor. Me encantó leerte con el corazón. Besos querido amigo.
Juicio al corazón de una amistad que se hizo amor

Sentencia (primera parte)
Una triste carta he recibido citando a mi corazón,
por abandono de funciones se lo ha de acusar
disfrazado de amistad ha querido engañar,
llamando a audición, su compañera la razón.

Inunda la sala en eco sonoro su ronca voz,
la justicia se hace presente con su negro vestir
sin luz que ilumine su cara el silencio hace sentir,
parece le incomoda cuál enfrentamiento atroz.

Se imputa al acusado por el delito de traición
con evidentes ánimos de engaño y falsa identidad,
no le importó ocultar bajo el antifaz su verdad,
procediendo así en el abuso de esa condición.

Pido la palabra, desespera mi grito ahogado,
¡injustica señor juez!, mi voz exige sonido
entre la multitud de algún sueño dormido,
¡a lugar!, me vence el miedo, intimidado.

Aunque sin preparación y mucha transpiración
tengo como testigo mi alma, fiel compañera,
que apoya mi postura y no dejaría que mintiera
dando fe de no tener quejas y conocer al corazón.

Respiro en el lugar carcajadas sin medida,
quizás no escuchan mi forma de expresión,
será que no es legal y lejos de la constitución
pero seguiré defendiendo esta verdad escondida.

Ante vano intento sigo con la idea de intervenir
pidiendo al jurado clemencia por tal osadía
uno no elige de quien enamorarse, su señoría,
sin el acusado no hay forma, es imposible vivir.

¡No, a lugar!, se oscurece y retumba la sala,
mi voz temblorosa tartamudea sin control,
volteando la mirada a la estúpida razón,
solicito se la escuche, mientras mi dedo la señala.

En tanto mi corazón espera sentado el veredicto,
hundido y encorvado con su rostro al suelo,
apenas se lo ve, llorando y rogando al cielo
que no se lo condene por tal o cual delicto.

Ya sin esperanzas me siento llorando a esperar,
con la voz torcida como su cuello, fina emoción,
me dice caso perdido, la acorbatada razón,
sin nada más que hacer este caso se ha de cerrar.

Los letrados me sugieren en un canto lírico
si liberar tu corazón de esta situación quieres
y no pagar la misma sanción perdiendo tus haberes,
sólo te quedan mis honorarios para otro circo.

Un breve receso para buscar respuestas solicito
¡permiso negado, por favor vuelva al lugar!
prisión remitida se escucha a lo lejos gritar.
¡Basta! ustedes me han metido en esto no los necesito.

En eso despierta mi alma que se había dormido,
¡declárate tú culpable de tamaño problema!
¡ten piedad por tu corazón sálvalo de este dilema!
¡entrégate a la justicia te lo tienes más que merecido!

El juez finalmente dictamina su decisión tardía,
se declara culpable de los hechos al acusado
a vivir sin ninguna emoción es condenado,
con vestimenta de conciencia el resto de sus días.


Liberación (segunda parte)
Me dirijo al estrado sin más nada que perder
y busco de reojo a mi amiga que sentada llora,
de ella me enamoré y su perdón mi vida implora,
que con tan solo una mirada basta para creer.

La luz de una lágrima baña sus ojos color miel,
acercándome a ella le ofrezco mi pañuelo
me regala hipnótica sonrisa y siento que vuelo,
cayendo rendido en el dulce aroma de cálida piel.

El amor es de a dos, en corazón fundido
la tomo entre mis brazos y le robo un beso,
perdiéndome en sus caricias cual suave cerezo,
agradeciéndole a Dios por el perdón concedido.

“Liberad al corazón, perdonad al alma y entended a la razón”,
que de los tres necesita Dios para hacer eterna y sagrada esta unión.


Alberto Niño Martinez
Ezequiel Paez
 
es un clamor cuando la amistad se convierte en un amor silencioso y perturbador hacendó que tus versos le ponga gritos de justicia
 
Buen trabajo narrativo de lo que no debe ser juzgado, mis felicitaciónes a los dos...:::banana:::

Englobo.gif
 
Ezequiel... amigo... como este poema es consecuencia del otro... igual creo que traicionaste la amistad... pero de una bella forma. Un abrazo y mis deseos de que la inspiracion te acompañe siempre, siempre.... SIEMPRE.



ferdorta
 
Juicio al corazón de una amistad que se hizo amor

Sentencia (primera parte)
Una triste carta he recibido citando a mi corazón,
por abandono de funciones se lo ha de acusar
disfrazado de amistad ha querido engañar,
llamando a audición, su compañera la razón.

Inunda la sala en eco sonoro su ronca voz,
la justicia se hace presente con su negro vestir
sin luz que ilumine su cara el silencio hace sentir,
parece le incomoda cuál enfrentamiento atroz.

Se imputa al acusado por el delito de traición
con evidentes ánimos de engaño y falsa identidad,
no le importó ocultar bajo el antifaz su verdad,
procediendo así en el abuso de esa condición.

Pido la palabra, desespera mi grito ahogado,
¡injusticia señor juez!, mi voz exige sonido
entre la multitud de algún sueño dormido,
¡a lugar!, me vence el miedo, intimidado.

Aunque sin preparación y mucha transpiración
tengo como testigo mi alma, fiel compañera,
que apoya mi postura y no dejaría que mintiera
dando fe de no tener quejas y conocer al corazón.

Respiro en el lugar carcajadas sin medida,
quizás no escuchan mi forma de expresión,
será que no es legal y lejos de la constitución
pero seguiré defendiendo esta verdad escondida.

Ante vano intento sigo con la idea de intervenir
pidiendo al jurado clemencia por tal osadía
uno no elige de quien enamorarse, su señoría,
sin el acusado no hay forma, es imposible vivir.

¡No, a lugar!, se oscurece y retumba la sala,
mi voz temblorosa tartamudea sin control,
volteando la mirada a la estúpida razón,
solicito se la escuche, mientras mi dedo la señala.

En tanto mi corazón espera sentado el veredicto,
hundido y encorvado con su rostro al suelo,
apenas se lo ve, llorando y rogando al cielo
que no se lo condene por tal o cual delito.

Ya sin esperanzas me siento llorando a esperar,
con la voz torcida como su cuello, fina emoción,
me dice caso perdido, la acorbatada razón,
sin nada más que hacer este caso se ha de cerrar.

Los letrados me sugieren en un canto lírico
si liberar tu corazón de esta situación quieres
y no pagar la misma sanción perdiendo tus haberes,
sólo te quedan mis honorarios para otro circo.

Un breve receso para buscar respuestas solicito
¡permiso negado, por favor vuelva al lugar!
prisión remitida se escucha a lo lejos gritar.
¡Basta! ustedes me han metido en esto no los necesito.

En eso despierta mi alma que se había dormido,
¡declárate tú culpable de tamaño problema!
¡ten piedad por tu corazón sálvalo de este dilema!
¡entrégate a la justicia te lo tienes más que merecido!

El juez finalmente dictamina su decisión tardía,
se declara culpable de los hechos al acusado
a vivir sin ninguna emoción es condenado,
con vestimenta de conciencia el resto de sus días.

Liberación (segunda parte)
Me dirijo al estrado sin más nada que perder
y busco de reojo a mi amiga que sentada llora,
de ella me enamoré y su perdón mi vida implora,
que con tan solo una mirada basta para creer.

La luz de una lágrima baña sus ojos color miel,
acercándome a ella le ofrezco mi pañuelo
me regala hipnótica sonrisa y siento que vuelo,
cayendo rendido en el dulce aroma de cálida piel.

El amor es de a dos, en corazón fundido
la tomo entre mis brazos y le robo un beso,
perdiéndome en sus caricias cual suave cerezo,
agradeciéndole a Dios por el perdón concedido.

“Liberad al corazón, perdonad al alma y entended a la razón”,
que de los tres necesita Dios para hacer eterna y sagrada esta unión.

Ezequiel Paez


Que bonita historia de amor,
en el corazón no se puede mandar...
y menos engañar.
Un placer haber pasado, un beso poeta:::hug:::
 
He disfrutado en grande este juicio tan particular.
Mi amigo este es un gran éxito, cautivado desde la primera linea
se desgrana tu talento.
Mis felicitaciones con todas las estrellas del mundo.
****************
 
Juicio al corazón de una amistad que se hizo amor

Sentencia (primera parte)
Una triste carta he recibido citando a mi corazón,
por abandono de funciones se lo ha de acusar
disfrazado de amistad ha querido engañar,
llamando a audición, su compañera la razón.

Inunda la sala en eco sonoro su ronca voz,
la justicia se hace presente con su negro vestir
sin luz que ilumine su cara el silencio hace sentir,
parece le incomoda cuál enfrentamiento atroz.

Se imputa al acusado por el delito de traición
con evidentes ánimos de engaño y falsa identidad,
no le importó ocultar bajo el antifaz su verdad,
procediendo así en el abuso de esa condición.

Pido la palabra, desespera mi grito ahogado,
¡injusticia señor juez!, mi voz exige sonido
entre la multitud de algún sueño dormido,
¡a lugar!, me vence el miedo, intimidado.

Aunque sin preparación y mucha transpiración
tengo como testigo mi alma, fiel compañera,
que apoya mi postura y no dejaría que mintiera
dando fe de no tener quejas y conocer al corazón.

Respiro en el lugar carcajadas sin medida,
quizás no escuchan mi forma de expresión,
será que no es legal y lejos de la constitución
pero seguiré defendiendo esta verdad escondida.

Ante vano intento sigo con la idea de intervenir
pidiendo al jurado clemencia por tal osadía
uno no elige de quien enamorarse, su señoría,
sin el acusado no hay forma, es imposible vivir.

¡No, a lugar!, se oscurece y retumba la sala,
mi voz temblorosa tartamudea sin control,
volteando la mirada a la estúpida razón,
solicito se la escuche, mientras mi dedo la señala.

En tanto mi corazón espera sentado el veredicto,
hundido y encorvado con su rostro al suelo,
apenas se lo ve, llorando y rogando al cielo
que no se lo condene por tal o cual delito.

Ya sin esperanzas me siento llorando a esperar,
con la voz torcida como su cuello, fina emoción,
me dice caso perdido, la acorbatada razón,
sin nada más que hacer este caso se ha de cerrar.

Los letrados me sugieren en un canto lírico
si liberar tu corazón de esta situación quieres
y no pagar la misma sanción perdiendo tus haberes,
sólo te quedan mis honorarios para otro circo.

Un breve receso para buscar respuestas solicito
¡permiso negado, por favor vuelva al lugar!
prisión remitida se escucha a lo lejos gritar.
¡Basta! ustedes me han metido en esto no los necesito.

En eso despierta mi alma que se había dormido,
¡declárate tú culpable de tamaño problema!
¡ten piedad por tu corazón sálvalo de este dilema!
¡entrégate a la justicia te lo tienes más que merecido!

El juez finalmente dictamina su decisión tardía,
se declara culpable de los hechos al acusado
a vivir sin ninguna emoción es condenado,
con vestimenta de conciencia el resto de sus días.

Liberación (segunda parte)
Me dirijo al estrado sin más nada que perder
y busco de reojo a mi amiga que sentada llora,
de ella me enamoré y su perdón mi vida implora,
que con tan solo una mirada basta para creer.

La luz de una lágrima baña sus ojos color miel,
acercándome a ella le ofrezco mi pañuelo
me regala hipnótica sonrisa y siento que vuelo,
cayendo rendido en el dulce aroma de cálida piel.

El amor es de a dos, en corazón fundido
la tomo entre mis brazos y le robo un beso,
perdiéndome en sus caricias cual suave cerezo,
agradeciéndole a Dios por el perdón concedido.

“Liberad al corazón, perdonad al alma y entended a la razón”,
que de los tres necesita Dios para hacer eterna y sagrada esta unión.


Ezequiel Paez

EZEQ ES ESTE POEMA UN MARAVILLOSO VIAJE A LAS RUTAS DEL AMOR AQUEL QUE AMA TANTO QUE CREE NECESITA PERDON POR AMAR MUY BELLO ME HA ENCANTADO E COMO PARA CONTARLO CON GUITARRA
ESTRELLAS GRANDES Y LUMINOSA U ENORME APLAUSO Y UN ABRAZO TAMAÑO DEL CIELO.
MiSiVi
 
Juicio al corazón de una amistad que se hizo amor

Sentencia (primera parte)
Una triste carta he recibido citando a mi corazón,
por abandono de funciones se lo ha de acusar
disfrazado de amistad ha querido engañar,
llamando a audición, su compañera la razón.

Inunda la sala en eco sonoro su ronca voz,
la justicia se hace presente con su negro vestir
sin luz que ilumine su cara el silencio hace sentir,
parece le incomoda cuál enfrentamiento atroz.

Se imputa al acusado por el delito de traición
con evidentes ánimos de engaño y falsa identidad,
no le importó ocultar bajo el antifaz su verdad,
procediendo así en el abuso de esa condición.

Pido la palabra, desespera mi grito ahogado,
¡injusticia señor juez!, mi voz exige sonido
entre la multitud de algún sueño dormido,
¡a lugar!, me vence el miedo, intimidado.

Aunque sin preparación y mucha transpiración
tengo como testigo mi alma, fiel compañera,
que apoya mi postura y no dejaría que mintiera
dando fe de no tener quejas y conocer al corazón.

Respiro en el lugar carcajadas sin medida,
quizás no escuchan mi forma de expresión,
será que no es legal y lejos de la constitución
pero seguiré defendiendo esta verdad escondida.

Ante vano intento sigo con la idea de intervenir
pidiendo al jurado clemencia por tal osadía
uno no elige de quien enamorarse, su señoría,
sin el acusado no hay forma, es imposible vivir.

¡No, a lugar!, se oscurece y retumba la sala,
mi voz temblorosa tartamudea sin control,
volteando la mirada a la estúpida razón,
solicito se la escuche, mientras mi dedo la señala.

En tanto mi corazón espera sentado el veredicto,
hundido y encorvado con su rostro al suelo,
apenas se lo ve, llorando y rogando al cielo
que no se lo condene por tal o cual delito.

Ya sin esperanzas me siento llorando a esperar,
con la voz torcida como su cuello, fina emoción,
me dice caso perdido, la acorbatada razón,
sin nada más que hacer este caso se ha de cerrar.

Los letrados me sugieren en un canto lírico
si liberar tu corazón de esta situación quieres
y no pagar la misma sanción perdiendo tus haberes,
sólo te quedan mis honorarios para otro circo.

Un breve receso para buscar respuestas solicito
¡permiso negado, por favor vuelva al lugar!
prisión remitida se escucha a lo lejos gritar.
¡Basta! ustedes me han metido en esto no los necesito.

En eso despierta mi alma que se había dormido,
¡declárate tú culpable de tamaño problema!
¡ten piedad por tu corazón sálvalo de este dilema!
¡entrégate a la justicia te lo tienes más que merecido!

El juez finalmente dictamina su decisión tardía,
se declara culpable de los hechos al acusado
a vivir sin ninguna emoción es condenado,
con vestimenta de conciencia el resto de sus días.

Liberación (segunda parte)
Me dirijo al estrado sin más nada que perder
y busco de reojo a mi amiga que sentada llora,
de ella me enamoré y su perdón mi vida implora,
que con tan solo una mirada basta para creer.

La luz de una lágrima baña sus ojos color miel,
acercándome a ella le ofrezco mi pañuelo
me regala hipnótica sonrisa y siento que vuelo,
cayendo rendido en el dulce aroma de cálida piel.

El amor es de a dos, en corazón fundido
la tomo entre mis brazos y le robo un beso,
perdiéndome en sus caricias cual suave cerezo,
agradeciéndole a Dios por el perdón concedido.

“Liberad al corazón, perdonad al alma y entended a la razón”,
que de los tres necesita Dios para hacer eterna y sagrada esta unión.


Ezequiel Paez
Hermosa obra que vincula ese amor enjuiciando los
descubrimientos entre sedientos instintos que alcanzan
a superar a la razon cuando la atraccion existe.
libertad para ese corazon y liberacion al sentirse
pleno de amar. felicidades. magnifico.
saludos siempre de luzyabsenta
 
Juicio al corazón de una amistad que se hizo amor

Sentencia (primera parte)
Una triste carta he recibido citando a mi corazón,
por abandono de funciones se lo ha de acusar
disfrazado de amistad ha querido engañar,
llamando a audición, su compañera la razón.

Inunda la sala en eco sonoro su ronca voz,
la justicia se hace presente con su negro vestir
sin luz que ilumine su cara el silencio hace sentir,
parece le incomoda cuál enfrentamiento atroz.

Se imputa al acusado por el delito de traición
con evidentes ánimos de engaño y falsa identidad,
no le importó ocultar bajo el antifaz su verdad,
procediendo así en el abuso de esa condición.

Pido la palabra, desespera mi grito ahogado,
¡injusticia señor juez!, mi voz exige sonido
entre la multitud de algún sueño dormido,
¡a lugar!, me vence el miedo, intimidado.

Aunque sin preparación y mucha transpiración
tengo como testigo mi alma, fiel compañera,
que apoya mi postura y no dejaría que mintiera
dando fe de no tener quejas y conocer al corazón.

Respiro en el lugar carcajadas sin medida,
quizás no escuchan mi forma de expresión,
será que no es legal y lejos de la constitución
pero seguiré defendiendo esta verdad escondida.

Ante vano intento sigo con la idea de intervenir
pidiendo al jurado clemencia por tal osadía
uno no elige de quien enamorarse, su señoría,
sin el acusado no hay forma, es imposible vivir.

¡No, a lugar!, se oscurece y retumba la sala,
mi voz temblorosa tartamudea sin control,
volteando la mirada a la estúpida razón,
solicito se la escuche, mientras mi dedo la señala.

En tanto mi corazón espera sentado el veredicto,
hundido y encorvado con su rostro al suelo,
apenas se lo ve, llorando y rogando al cielo
que no se lo condene por tal o cual delito.

Ya sin esperanzas me siento llorando a esperar,
con la voz torcida como su cuello, fina emoción,
me dice caso perdido, la acorbatada razón,
sin nada más que hacer este caso se ha de cerrar.

Los letrados me sugieren en un canto lírico
si liberar tu corazón de esta situación quieres
y no pagar la misma sanción perdiendo tus haberes,
sólo te quedan mis honorarios para otro circo.

Un breve receso para buscar respuestas solicito
¡permiso negado, por favor vuelva al lugar!
prisión remitida se escucha a lo lejos gritar.
¡Basta! ustedes me han metido en esto no los necesito.

En eso despierta mi alma que se había dormido,
¡declárate tú culpable de tamaño problema!
¡ten piedad por tu corazón sálvalo de este dilema!
¡entrégate a la justicia te lo tienes más que merecido!

El juez finalmente dictamina su decisión tardía,
se declara culpable de los hechos al acusado
a vivir sin ninguna emoción es condenado,
con vestimenta de conciencia el resto de sus días.

Liberación (segunda parte)
Me dirijo al estrado sin más nada que perder
y busco de reojo a mi amiga que sentada llora,
de ella me enamoré y su perdón mi vida implora,
que con tan solo una mirada basta para creer.

La luz de una lágrima baña sus ojos color miel,
acercándome a ella le ofrezco mi pañuelo
me regala hipnótica sonrisa y siento que vuelo,
cayendo rendido en el dulce aroma de cálida piel.

El amor es de a dos, en corazón fundido
la tomo entre mis brazos y le robo un beso,
perdiéndome en sus caricias cual suave cerezo,
agradeciéndole a Dios por el perdón concedido.

“Liberad al corazón, perdonad al alma y entended a la razón”,
que de los tres necesita Dios para hacer eterna y sagrada esta unión.


Ezequiel Paez
Hermosa obra que vincula ese amor enjuiciando los
descubrimientos entre sedientos instintos que alcanzan
a superar a la razon cuando la atraccion existe.
libertad para ese corazon y liberacion al sentirse
pleno de amar. felicidades. magnifico.
saludos siempre de luzyabsenta
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba