Redivivus
Poeta fiel al portal
Julieta
En este nuestro decisivo momento vanamente íntimo.
Mi mano sujetando la tuya, mi cuerpo procurándote calor.
Mi voz en tu oído recordándote viejas anécdotas
de nuestros 27 años compartidos.
Escuchas, sé que escuchas con atención
y quizá mis palabras te muevan a risa o a reflexión
pero permaneces callada, seria
apenas un esbozo de sonrisa en tus labios mudos.
Cuando te vi por primera vez tuve tanta alegría que me dio miedo.
Escribí en ese entonces:
Te tome de la mano y caminamos juntos
esta mañana fría, hablabas y hablabas y tu aliento
nubecitas blancas semejaban -pequeño-tren-con-su-mechón-
¿Esto es la felicidad? tus vivaces ojos, tu pelo alborotado
tu voz, tu voz y el sol, el sol que calentaba mi espalda
y tu sonrisa mi corazón.
Pero ahora, apenas un esbozo de sonrisa en tus labios mudos.
Mi mano sujetando la tuya, mi cuerpo procurándote calor
como si con estos gestos inútiles pudiera darte vida.
Te vas y tu ausencia definitiva lacera mi corazón.
Y siento calma y siento tristeza y me enoja tu actitud
y me llena de ternura tu silencio y me confunde tu sonrisa
y me encabrona hija, que no me quieras contestar.
Te vas, te estás yendo, te has ido y jamás volverás
Nunca más podremos compartir cosa alguna
Te pierdo, me pierdes, nos perdemos y jamás volveremos a encontrarnos
Y esta vez ni siquiera hay un adiós
Y está vez ni siquiera hay un que te vaya bien papá
Y esta vez no me alcanzan las lágrimas para impedir tu partida
Ni todo el dolor que me causas es suficiente para retenerte.
Dejo de hablarte, abandono el abrazo y flácida tu mano se escapa de la mía
Mi cuerpo se derrumba y en un postrer monologo ofrezco mi vida por la tuya
pero ¡ay hija mía! permaneces seria, para siempre callada
con apenas un esbozo de sonrisa en tus labios muertos.
En este nuestro decisivo momento vanamente íntimo.
Mi mano sujetando la tuya, mi cuerpo procurándote calor.
Mi voz en tu oído recordándote viejas anécdotas
de nuestros 27 años compartidos.
Escuchas, sé que escuchas con atención
y quizá mis palabras te muevan a risa o a reflexión
pero permaneces callada, seria
apenas un esbozo de sonrisa en tus labios mudos.
Cuando te vi por primera vez tuve tanta alegría que me dio miedo.
Escribí en ese entonces:
Te tome de la mano y caminamos juntos
esta mañana fría, hablabas y hablabas y tu aliento
nubecitas blancas semejaban -pequeño-tren-con-su-mechón-
¿Esto es la felicidad? tus vivaces ojos, tu pelo alborotado
tu voz, tu voz y el sol, el sol que calentaba mi espalda
y tu sonrisa mi corazón.
Pero ahora, apenas un esbozo de sonrisa en tus labios mudos.
Mi mano sujetando la tuya, mi cuerpo procurándote calor
como si con estos gestos inútiles pudiera darte vida.
Te vas y tu ausencia definitiva lacera mi corazón.
Y siento calma y siento tristeza y me enoja tu actitud
y me llena de ternura tu silencio y me confunde tu sonrisa
y me encabrona hija, que no me quieras contestar.
Te vas, te estás yendo, te has ido y jamás volverás
Nunca más podremos compartir cosa alguna
Te pierdo, me pierdes, nos perdemos y jamás volveremos a encontrarnos
Y esta vez ni siquiera hay un adiós
Y está vez ni siquiera hay un que te vaya bien papá
Y esta vez no me alcanzan las lágrimas para impedir tu partida
Ni todo el dolor que me causas es suficiente para retenerte.
Dejo de hablarte, abandono el abrazo y flácida tu mano se escapa de la mía
Mi cuerpo se derrumba y en un postrer monologo ofrezco mi vida por la tuya
pero ¡ay hija mía! permaneces seria, para siempre callada
con apenas un esbozo de sonrisa en tus labios muertos.