Daltrangello
Poeta recién llegado
Si me encuentro en la ingratitud
de una palabra, en sus orillas etéreas
el júbilo,
si lanzo agitado una sortija
y todo se desvanece
los instantes resurgen, el clamor
la eternidad palpitante
seda matinal, huída onírica
el áureo manantial floreciendo
de sus hombros, de sus orbes
de su espalda
tomaste mi mano, rodeándola
-¿Eres tú el mar?- preguntaste
dejando caer en las necias aguas
una frágil orquídea morada
y sostuve entre mis dedos, sus dedos
de fino cristal, de
delicada y carente esperanza
se rehizo ante mí una sonrisa
¡Radiante! su déspota fragancia
concebida en el seno de las rebeliones.
Te miento en mi mente, en minúsculas
hablo inmóvil, me aíslo, ¡Esplendor!
¿Acaso he visto todo?
cada parpadeo es hueco, no te expresa
los versos se derriten, del vapor
su fruto
la debilidad de un espíritu mudo
quizás era el mar
y no lo sabía ¡Cuánto orgullo!
y su voz acunándome en su regazo
como un ave desplegando su plumaje
o la reencarnación del segundo muerto
ella,
el exceso perlado agitando su vestido
el cielo,
la imaginación de un dios de otro tiempo
y un ángel cubriéndole el rostro
de rosada porcelana y gotas de almendra
gritando a través de mi, su nombre,
Julieta.
Entonces la orquídea inmersa en lo profundo
al verla danzante por el jardín diamantino
emerge buscando su crédula silueta
se desdobla y repite
la promesa es la histeria en el tiempo...
y los pétalos enredados en la savia
se funden en la caricia de su iris
en la mirada azul, en su soberbia figura
¡La dicha tronando, tan alarmante!
se elevan al margen decenas de suspiros
ondea, en la claridad de un destello
la orquídea y Julieta, la unívoca imagen
como el perfume de un sueño
se alza allí, ¡flota!
eternamente
la existencia, su memoria oculta.
de una palabra, en sus orillas etéreas
el júbilo,
si lanzo agitado una sortija
y todo se desvanece
los instantes resurgen, el clamor
la eternidad palpitante
seda matinal, huída onírica
el áureo manantial floreciendo
de sus hombros, de sus orbes
de su espalda
tomaste mi mano, rodeándola
-¿Eres tú el mar?- preguntaste
dejando caer en las necias aguas
una frágil orquídea morada
y sostuve entre mis dedos, sus dedos
de fino cristal, de
delicada y carente esperanza
se rehizo ante mí una sonrisa
¡Radiante! su déspota fragancia
concebida en el seno de las rebeliones.
Te miento en mi mente, en minúsculas
hablo inmóvil, me aíslo, ¡Esplendor!
¿Acaso he visto todo?
cada parpadeo es hueco, no te expresa
los versos se derriten, del vapor
su fruto
la debilidad de un espíritu mudo
quizás era el mar
y no lo sabía ¡Cuánto orgullo!
y su voz acunándome en su regazo
como un ave desplegando su plumaje
o la reencarnación del segundo muerto
ella,
el exceso perlado agitando su vestido
el cielo,
la imaginación de un dios de otro tiempo
y un ángel cubriéndole el rostro
de rosada porcelana y gotas de almendra
gritando a través de mi, su nombre,
Julieta.
Entonces la orquídea inmersa en lo profundo
al verla danzante por el jardín diamantino
emerge buscando su crédula silueta
se desdobla y repite
la promesa es la histeria en el tiempo...
y los pétalos enredados en la savia
se funden en la caricia de su iris
en la mirada azul, en su soberbia figura
¡La dicha tronando, tan alarmante!
se elevan al margen decenas de suspiros
ondea, en la claridad de un destello
la orquídea y Julieta, la unívoca imagen
como el perfume de un sueño
se alza allí, ¡flota!
eternamente
la existencia, su memoria oculta.
Buena carta de presentación, es un poema muy bello.