Henry Miller
Poeta recién llegado
Quiero abusar de ti
Arrinconarte hasta los pelos
Y levantarte esa falda mustia
En la que te escondes.
Sé que pierdes tu tiempo
Con ese niño bobo
Que te compra flores
Y te lleva a Xochimilco.
Sé que buscas convencerte
De que eres normal
Como las otras
Que puedes vivir
Con algodones de azúcar
Y domingos familiares
No me digas
No lo creo.
Cuando te tengo cerca
Puedo sentir tu pulso
Y tu alcance de loba.
De cuando en cuando
Te echas para atrás
Arrepentida de haber mostrado
A la loca de atar
A la mujer vampiro
Que aguarda impaciente
El momento de saltar
Yo puedo tomarte un día de estos
Y volarte las caderas
Con una o dos
Embestidas.
Sé que eso te gustaría
Que podrías mandar atrás
A la que te ahoga.
Sé que te encantaría
Sentirte desnuda
Que tus pezones estarían alertas
Y tu sexo erguido,
Que buscarías la salida
Atizada por el fuego,
Sola de placer
Libre de cuerpo
Latiendo el vientre.
Solo eres una mujer común
Que cuida sus flores
Y se porta bien
Que aguanta disparates
De hombres ridículos
Para sobrevivir.
Vistes como una hormiga
Y te das a los placeres fatuos.
Detrás de tus lentes de niña,
Tienes dos ojos astutos
Que de vez en cuando
Dejan que se asome
Una niña asesina
Una inteligencia pura
Que lo abarca todo
Y se esconde
Nuevamente.
Así trabaja esa naturaleza tuya
Negándose y guiñando un ojo
Al hábil observador.
Ya no me enseñes
Tus panfletos cristianos
No tengo miedo del infierno
Ni tu tampoco.
Por cada día que pasa
Una flor se muere
Y tu cuerpo sigue buscando ávido
El encuentro con el mío.
Así que ven de una vez
Y cúbreme de humedad
Inúndame con tus senos,
Dame de beber
Todo lo que haya
En ese rincón inédito,
Agótame de piernas
Haz llover sobre mí
La ira que hayas guardado
Y descansa satisfecha
En una habitación
Sin tiempo
Ten el valor de reclamar tu herencia
No te avergüences de desear al toro,
Naciste para ser más que luna,
Naciste para ser cáliz
Para viajar en alcobas
Profundas como embarcaciones,
Para saltar de techo en techo
Ágil,
Pura como gacela.
Ven y muérdeme los ojos
Arráncame con tus manos
De costurera
Las ropas urgentes,
Átame de muerte
Haz que despierte a otra vida
A la que se vive
Cuando se ama
En ese lugar sin límites
Del que Dios se retira
Para que los hombres sean.
Déjame fornicarte libremente
Y si quieres,
Déjate ese antifaz
Por precaución,
Cúbrete un poco
Mientras mis manos se deslizan
Por esos muslos,
Por ese vientre sin grasa
Por todas las puertas
Que te empeñas en cerrar.
Ven
Arrinconarte hasta los pelos
Y levantarte esa falda mustia
En la que te escondes.
Sé que pierdes tu tiempo
Con ese niño bobo
Que te compra flores
Y te lleva a Xochimilco.
Sé que buscas convencerte
De que eres normal
Como las otras
Que puedes vivir
Con algodones de azúcar
Y domingos familiares
No me digas
No lo creo.
Cuando te tengo cerca
Puedo sentir tu pulso
Y tu alcance de loba.
De cuando en cuando
Te echas para atrás
Arrepentida de haber mostrado
A la loca de atar
A la mujer vampiro
Que aguarda impaciente
El momento de saltar
Yo puedo tomarte un día de estos
Y volarte las caderas
Con una o dos
Embestidas.
Sé que eso te gustaría
Que podrías mandar atrás
A la que te ahoga.
Sé que te encantaría
Sentirte desnuda
Que tus pezones estarían alertas
Y tu sexo erguido,
Que buscarías la salida
Atizada por el fuego,
Sola de placer
Libre de cuerpo
Latiendo el vientre.
Solo eres una mujer común
Que cuida sus flores
Y se porta bien
Que aguanta disparates
De hombres ridículos
Para sobrevivir.
Vistes como una hormiga
Y te das a los placeres fatuos.
Detrás de tus lentes de niña,
Tienes dos ojos astutos
Que de vez en cuando
Dejan que se asome
Una niña asesina
Una inteligencia pura
Que lo abarca todo
Y se esconde
Nuevamente.
Así trabaja esa naturaleza tuya
Negándose y guiñando un ojo
Al hábil observador.
Ya no me enseñes
Tus panfletos cristianos
No tengo miedo del infierno
Ni tu tampoco.
Por cada día que pasa
Una flor se muere
Y tu cuerpo sigue buscando ávido
El encuentro con el mío.
Así que ven de una vez
Y cúbreme de humedad
Inúndame con tus senos,
Dame de beber
Todo lo que haya
En ese rincón inédito,
Agótame de piernas
Haz llover sobre mí
La ira que hayas guardado
Y descansa satisfecha
En una habitación
Sin tiempo
Ten el valor de reclamar tu herencia
No te avergüences de desear al toro,
Naciste para ser más que luna,
Naciste para ser cáliz
Para viajar en alcobas
Profundas como embarcaciones,
Para saltar de techo en techo
Ágil,
Pura como gacela.
Ven y muérdeme los ojos
Arráncame con tus manos
De costurera
Las ropas urgentes,
Átame de muerte
Haz que despierte a otra vida
A la que se vive
Cuando se ama
En ese lugar sin límites
Del que Dios se retira
Para que los hombres sean.
Déjame fornicarte libremente
Y si quieres,
Déjate ese antifaz
Por precaución,
Cúbrete un poco
Mientras mis manos se deslizan
Por esos muslos,
Por ese vientre sin grasa
Por todas las puertas
Que te empeñas en cerrar.
Ven
Última edición: