Abrahám Emilio
Emilio.
Mi pulso se acelera, una locomotora
se consume mi fuego en tu sonrisa seductora
se desploma en retazos mi orgullo
se mueren lentamente mis pasiones
porque mi cuerpo y alma es todo tuyo
porque llueve aquí tus ilusiones.
Ya te olvidé: adiós
pero mi despedida es mentira, lo sabe dios,
hoy estoy iracundo y decepcionado
mañana cabizbajo y un cuerpo sin alma
y después de todo queda olvidado
porque adoro tu vida: mi calma.
Juré una noche fría y sin luz
postrado en una madera: una cruz,
caerme en el sueño y no despertar
vivir hoy y no existir pasado
porque es imposible dejarte amar
es marchito el cariño, hace daño
de ti me quisiera olvidar.
Es tan simple y tan complicado
alzar mi rostro triste y musitado
ver a los ojos directos
caer como hojas de una planta
que se secan al viento
o encontrar lo que enamora y encanta.
El olvido es un mensajero
quema y arde: un fuego pasajero
un ave herida que cae en las manos
y lentamente va muriendo
y sufres verla morir, en miseria y en vano
porque en vida está sufriendo.
Se mece el juramento
en la oscuridad del firmamento
aquel amor que se va
en la tempestad y la desnuda tormenta
aquellas palabras que la tristeza reserva
que fluyen en la rabia y atormenta.
se consume mi fuego en tu sonrisa seductora
se desploma en retazos mi orgullo
se mueren lentamente mis pasiones
porque mi cuerpo y alma es todo tuyo
porque llueve aquí tus ilusiones.
Ya te olvidé: adiós
pero mi despedida es mentira, lo sabe dios,
hoy estoy iracundo y decepcionado
mañana cabizbajo y un cuerpo sin alma
y después de todo queda olvidado
porque adoro tu vida: mi calma.
Juré una noche fría y sin luz
postrado en una madera: una cruz,
caerme en el sueño y no despertar
vivir hoy y no existir pasado
porque es imposible dejarte amar
es marchito el cariño, hace daño
de ti me quisiera olvidar.
Es tan simple y tan complicado
alzar mi rostro triste y musitado
ver a los ojos directos
caer como hojas de una planta
que se secan al viento
o encontrar lo que enamora y encanta.
El olvido es un mensajero
quema y arde: un fuego pasajero
un ave herida que cae en las manos
y lentamente va muriendo
y sufres verla morir, en miseria y en vano
porque en vida está sufriendo.
Se mece el juramento
en la oscuridad del firmamento
aquel amor que se va
en la tempestad y la desnuda tormenta
aquellas palabras que la tristeza reserva
que fluyen en la rabia y atormenta.
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