Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Juventud
¡Juventud!. Te vas escapando de mi vida,
como una sangría por una herida abierta;
con ansias te quiero detener, pero no puedo;
tu dren se hace constante, inexorable;
y cada amanecer me acerca más al miedo,
porque es desconocido el misterio que encierra
el más allá del tiempo, que ya se finiquita
y que cobra, como un agiotista,
lo poco que me queda.
¡Juventud!. Ahora retrospectivamente veo
la bondad que encerraba tu presencia
la magnitud de la energía acumulada;
la exacta medición de las distancias
que apresuradamente recorría mi cuerpo
con potente bomba de válvulas precisas
y rios turbulentos que su fuerza impulsaba.
¡Juventud!. Si salud es la más grande de todas las riquezas,
en un mar de riquezas disfruté tu recreo;
por eso en mi interior no existe despedida,
y ya casi al iniciar el final de mi vida,
estoy ya vislumbrando mi regreso.
¡Juventud!. Te vas escapando de mi vida,
como una sangría por una herida abierta;
con ansias te quiero detener, pero no puedo;
tu dren se hace constante, inexorable;
y cada amanecer me acerca más al miedo,
porque es desconocido el misterio que encierra
el más allá del tiempo, que ya se finiquita
y que cobra, como un agiotista,
lo poco que me queda.
¡Juventud!. Ahora retrospectivamente veo
la bondad que encerraba tu presencia
la magnitud de la energía acumulada;
la exacta medición de las distancias
que apresuradamente recorría mi cuerpo
con potente bomba de válvulas precisas
y rios turbulentos que su fuerza impulsaba.
¡Juventud!. Si salud es la más grande de todas las riquezas,
en un mar de riquezas disfruté tu recreo;
por eso en mi interior no existe despedida,
y ya casi al iniciar el final de mi vida,
estoy ya vislumbrando mi regreso.
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