Bartleby - el alegre
Poeta recién llegado
Juventud
Prendes la radio,
picas de taco la vieja estufa,
cortas el pan
con una pequeña sierra eléctrica,
y me dices que estás fea,
que espere a que te duches.
Dado estos tiempos,
de dinásticos hooligans regionales,
de tecleos más rápidos
que el chasquido de un tambor de seis balas,
es que leo de todo,
menos algo que diga -ah puta madre,
esto está mejor
que The Bends, allá, en el 96.
Te duchas,
y se me viene a la mente
la primera vez
que te vi desnuda,
y lo tan díscolo, amoroso, flor de loto
que me puse.
Ahora es distinto,
claro,
he engordado a punta de lágrimas,
y mis chistes ya no son los mismos.
-Ni que fuera el sol
o el café de Kenia
(si, la que cagan esos monos guapos)
para resplandecer siempre.
-Ni que la juventud
tuviese espíritu latinoamericano
para dejarse
corromper con palabrería,
traje militar y un cerro de billetes dorados.
Terminas,
y efectivamente has crecido unos años,
hemos encontrado belleza
en el silencio,
y hemos aprendido a cerrar
en todo lo posible
las puertas de la estupidez del universo.
Hoy nos vamos a la cama,
a dormir, a coger, a ver películas;
pero esta vez, lo haremos
en la sala,
en el fervor de las fábricas avícolas,
y la tarde que quema
en el piso de parqué laminado.
Prendes la radio,
picas de taco la vieja estufa,
cortas el pan
con una pequeña sierra eléctrica,
y me dices que estás fea,
que espere a que te duches.
Dado estos tiempos,
de dinásticos hooligans regionales,
de tecleos más rápidos
que el chasquido de un tambor de seis balas,
es que leo de todo,
menos algo que diga -ah puta madre,
esto está mejor
que The Bends, allá, en el 96.
Te duchas,
y se me viene a la mente
la primera vez
que te vi desnuda,
y lo tan díscolo, amoroso, flor de loto
que me puse.
Ahora es distinto,
claro,
he engordado a punta de lágrimas,
y mis chistes ya no son los mismos.
-Ni que fuera el sol
o el café de Kenia
(si, la que cagan esos monos guapos)
para resplandecer siempre.
-Ni que la juventud
tuviese espíritu latinoamericano
para dejarse
corromper con palabrería,
traje militar y un cerro de billetes dorados.
Terminas,
y efectivamente has crecido unos años,
hemos encontrado belleza
en el silencio,
y hemos aprendido a cerrar
en todo lo posible
las puertas de la estupidez del universo.
Hoy nos vamos a la cama,
a dormir, a coger, a ver películas;
pero esta vez, lo haremos
en la sala,
en el fervor de las fábricas avícolas,
y la tarde que quema
en el piso de parqué laminado.