Caminando por viejos caminos, el forastero mentalmente descaminaba lo andado, hasta llegar a ese punto de su pasado cuando fue floreciente. Cuando el amor más que una compañía afectiva fue una cómplice locura. Ella era perfecta para mí: sin ataduras, cadenas ni prejuicios. Yo le entregué todo lo auténtico que fui: fidelidad, confianza y además de lealtad. Digamos que fue el mejor amor en toda mi vida. Después de ella, sólo hubo relaciones irrelevantes y poco memorables. Pero con Karla fue diferente, único e irrepetible. ¿Qué será de su vida? La extraño mucho. Recuerdo cuando me decía: “Que lo nuestro era tan real e iluso, a su vez, que el tiempo acabaría por separarnos” Así fue, y añadió: “Y dejemos que el tiempo nos vuelva a juntar”. Dijo al despedirse. Ahora vivo escuchando tristes canciones de amor. Pasa el tiempo y aún la sigo esperando.