La abjuración imposible

carlos lopez dzur

Poeta que considera el portal su segunda casa

a José María Heredia (1803-1839)

Cuando se diga inmigrante, que se piense
en tí, José María. Con ese pensamiento
me conmuevo. Con la imagen tuya
y tus metáforas de vida, intensas
y caudalosas como El Niágara.
La amnistía no destruye lo que eres.
La abjuración no existe. Acaso es un recurso
que te regresa con el vigor de más amor
y fervor por la patria. Nostalgia.

No es sólo viajar lo que cambia la vista
del paisaje, no. El mundo inicial se lleva
dentro; se afianza en la memoria
como equipaje querido, necesario,
como raíz de sangre y alimento.

Y dijeron que regresas porque abjuras
y tiras a la jodida los motores: ideales.
Te neutralizará con su poder, según los regidores,
un pacto mendaz, que tu firma refrenda.
Eso creen falsamente. Que te desarman
y acallantan, con ello, tu labor emancipante.
No entienden que, aún en reposo, educas.
Nunca está desarmada tu palabra.

Que autoricen la amnistía no es sujetarte a silencio.
Simplemente, regresas a la patria, santiaguino
aunque no haya regreso ni abjuración ni nada.
Ha sucedido, sin embargo, que tomas un respiro
y descansas. Un alto de viajero, José María.
Un alto que no es abjuración. Ya es imposible.
Tu sola sombra es combate. Tu presencia
tarde o temprano, inspira, enardece.

¡Qué error cometen! quienes no saben
qué es nostalgia ni qué es lucha y exilio.
¡Qué miopía para no saberte
el inmigrante que besa su destino
como rayo de sol, siempre alumbrante!
como digno ejecutor de ministerios.

No me imagino que se abjura del modo
en que dijeran, no que vendas tu paso
por cinco naciones del planeta
siendo que en todas estuvo el sentir
del combatiente, precozmente
activo, despejado, maduro...

Tu abjuración no existe, bien lo dijo
Martí, que te llama José del Alma.
O es la ausencia suya, ¿menos valiosa
que la tuya? ¿O es Bolívar, menos edificante?

Pocos niños nacen con tanta luz
y, desde los 8 años, tienes la edad
de la cubanidad naciente.
Con ese pensamiento me conmuevo
cuando estoy con nostalgia y encuentro
nombres para tu ausencia y tu regreso.

Imagino tu paso por Santo Domingo,
luego la tutela del canónigo Correa
y de tu primo Caro. Te imagino sin tu parentela;
a veces amistoso, a veces añorante y tierno.
Pocos niños, a los trece años, descollan
en latín, traducen a Horacio, conversan
en francés y escriben versos con modelos
clásicos; pocos, Martí también fue uno,
tu tocayo; gentes hay que anticipan pensamientos
con que llenan cuadernos manuscritos
y forman hitos históricos y suman
hemisferios, estrellas, universos.

Cuando se diga inmigrante, estés en Venezuela,
o México, patria adoptiva, Boston o La Florida,
Santiago o Pensacola, recordaré
a tu padre liberal, y tu visión ante el Teocalli
de Cholula y el compromiso de ingreso
desde las Milicias Nacionales de Matanzas
a la Conspiración Soles y Rayos;
el Caballero Racional que hay en tí
no abjura del ideal bolivariano, toda
la América Libre, de Cuba al Sur,
de México a Caracas. No olvido ésto.
Con ese pensamiento me conmuevo.

Pocos jóvenes son así, comprometidos.
En estos días de erranza, son contados
los viajeros con ambición crecida, ideal
para lo bueno. Estudiosos, como tú,
José María, flor de apóstol, flor de rayo
y soles de Santiago, pocos y selectos.

De regreso a México, me entero,
que traduces a Scott, a Moore,
Tyler, Ducis, Chenier, Alfieri, Voltaire;
tú, voz de mútiples acentos, políglota,
viajero, siempre alerta, apasionado.

¿Y quién, cuando has sido perseguido,
y arriesgado todo, podrá decirte,
abjura, véndete, sólo porque te aflige
la nostalgia de Cuba, de repente?

No, tú no abjuras en rigor. Sólo descansas
un momento porque el cansancio es intenso
y necesitas un poco de amor y en Cuba
te amarán los que siempre te han amado.
Regresa, José María. Tú dí cualquier
palabra. Dí un lugar común del viajero cansado:
«Hoy necesito un descanso».
Mañana... ya veremos.

02-03-1985 / Indice: EHE

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José María Heredia es, como poeta, uno de los precursores del Romanticismo literario en América. Vivió en Santo Domingo, Cuba, Caracas (Venezuela), México, España y tres o cuatro ciudades de los EE.UU.. Se consideraba cubano, de padres liberales, y participó en una conspiración boliviariano, Soles y Rayos para independizar a Cuba. Mientras vivió en México apoyó el liberalismo y la lucha independentista. El poema lo inspira un momento en que la nostalgia por volver a Cuba, después de mucha ausencia, lo tienta al firmar una abjuración a sus ideas separatistas y liberales. De hecho, firmar esa petición de amnistía, no comprometía su pluma porque siguió su obra poética sin claudicar, aunque no ya tan intensamente periodística; circunstancialmente, murió antes de surgir una fuerte ola de resistencia anticolonial que no brotará hasta 1868, con el Grito de Yara, y unas abortadas rebeliones de Narciso López.
 
Última edición:
Gracias Carlos por despertar mi curiosidad literaria e histórica por un personaje del que no sabía absolutamente nada...me gustaría que me recomendases una buena biografía sobre él.

Un gran abrazo desde este desconocimiento por un personaje que hoy descubro interesante en tus palabras hechas poesía.!
 
Gracias Carlos por despertar mi curiosidad literaria e histórica por un personaje del que no sabía absolutamente nada...me gustaría que me recomendases una buena biografía sobre él.

Un gran abrazo desde este desconocimiento por un personaje que hoy descubro interesante en tus palabras hechas poesía.!


Gracias, Tuti, por leer mi poema. Sin duda, te gustará leer la obra completa de Heredia (primo de un poeta francés del mismo nombre). Pero el cubano es el que murió a los 35 años en 1839. Conozco toda la poesía de Heredia por una edición reciente de Leonardo Padura Fuentes, titulada «José María Heredia: La Patria Y La Vida» (Ediiciones Unión, 2003); creo que Amazon y otras librerías virtuales la tienen; la colección más completa sobre él es la de María Lacoste que publicó en La Habana en 1938 «Poesías, discursos y cartas de José María Heredia». Sólo he podido consultarla en la Biblioteca. Es una edición muy vieja y no se presta.

Heredia es un poeta muy estudiado en México y los EE.UU. en universidades de los EE.UU.. De hecho tiene una placa, con su rostro en metal, en una roca de las Cataratas del Niágara y muchos poetas gringos le han traducido ese poema.

Manuel García Garófalo Mesa tiene un trabajo sobre la «Vida de JMH en México» y Ellijah Clarence Hills y Julio del Toro han publicado artículos académicos sobre la vida de Heredia en los EE.UU.


NIÁGARA

Templad mi lira, dádmela, que siento
En mi alma estremecida y agitada
Arder la inspiración. ¡Oh! ¡cuánto tiempo
En tinieblas pasó, sin que mi frente
Brillase con su luz...! Niágara undoso,
Tu sublime terror sólo podría
Tornarme el don divino, que ensañada
Me robó del dolor la mano impía.
Torrente prodigioso, calma, calla
Tu trueno aterrador: disipa un tanto
Las tinieblas que en torno te circundan;
Déjame contemplar tu faz serena,
Y de entusiasmo ardiente mi alma llena.
Yo digno soy de contemplarte: siempre
Lo común y mezquino desdeñando,
Ansié por lo terrífico y sublime.
Al despeñarse el huracán furioso,
Al retumbar sobre mi frente el rayo,
Palpitando gocé: vi al Oceano,
Azotado por austro proceloso,
Combatir mi bajel, y ante mis plantas
Vórtice hirviente abrir, y amé el peligro.
Mas del mar la fiereza
En mi alma no produjo
La profunda impresión que tu grandeza.
Sereno corres, majestuoso; y luego
En ásperos peñascos quebrantado,
Te abalanzas violento, arrebatado,
Como el destino irresistible y ciego.
¿Qué voz humana describir podría
De la sirte rugiente
La aterradora faz? El alma mía
En vago pensamiento se confunde
Al mirar esa férvida corriente,
Que en vano quiere la turbada vista
En su vuelo seguir al borde oscuro
Del precipicio altísimo: mil olas,
Cual pensamiento rápidas pasando,
Chocan, y se enfurecen,
Y otras mil y otras mil ya las alcanzan,
Y entre espuma y fragor desaparecen.
¡Ved! ¡llegan, saltan! El abismo horrendo
Devora los torrentes despeñados:
Crúzanse en él mil iris, y asordados
Vuelven los bosques el fragor tremendo.
En las rígidas peñas
Rómpese el agua: vaporosa nube
Con elástica fuerza
Llena el abismo en torbellino, sube,
Gira en torno, y al éter
Luminosa pirámide levanta,
Y por sobre los montes que le cercan
Al solitario cazador espanta.
Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista
Con inútil afán? ¿Por qué no miro
Alrededor de tu caverna inmensa
Las palmas ¡ay! las palmas deliciosas,
Que en las llanuras de mi ardiente patria
Nacen del sol a la sonrisa, y crecen,
Y al soplo de las brisas del Océano,
Bajo un cielo purísimo se mecen?
Este recuerdo a mi pesar me viene...
Nada ¡oh Niágara! falta a tu destino,
Ni otra corona que el agreste pino
A tu terrible majestad conviene.
La palma, y mirto, y delicada rosa,
Muelle placer inspiren y ocio blando
En frívolo jardín: a ti la suerte
Guardó más digno objeto, más sublime.
El alma libre, generosa, fuerte,
Viene, te ve, se asombra,
El mezquino deleite menosprecia,
Y aun se siente elevar cuando te nombra.
¡Omnipotente Dios! En otros climas
Vi monstruos execrables,
Blasfemando tu nombre sacrosanto,
Sembrar error y fanatismo impío,
Los campos inundar en sangre y llanto,
De hermanos atizar la infanda guerra,
Y desolar frenéticos la tierra.
Vilos, y el pecho se inflamó a su vista
En grave indignación. Por otra parte
Vi mentidos filósofos, que osaban
Escrutar tus misterios, ultrajarte,
Y de impiedad al lamentable abismo
A los míseros hombres arrastraban.
Por eso te buscó mi débil mente
En la sublime soledad: ahora
Entera se abre a ti; tu mano siente
En esta inmensidad que me circunda,
Y tu profunda voz hiere mi seno
De este raudal en el eterno trueno.
¡Asombroso torrente!
¡Cómo tu vista el ánimo enajena,
Y de terror y admiración me llena!
¿Dó tu origen está? ¿Quién fertiliza
Por tantos siglos tu inexhausta fuente?
¿Qué poderosa mano
Hace que al recibirte
No rebose en la tierra el Oceano?
Abrió el Señor su mano omnipotente;
Cubrió tu faz de nubes agitadas,
Dio su voz a tus aguas despeñadas,
Y ornó con su arco tu terrible frente.
¡Ciego, profundo, infatigable corres,
Como el torrente oscuro de los siglos
En insondable eternidad...! ¡Al hombre
Huyen así las ilusiones gratas,
Los florecientes días,
Y despierta al dolor...! ¡Ay! agostada
Yace mi juventud; mi faz, marchita;
Y la profunda pena que me agita
Ruga mi frente, de dolor nublada.
Nunca tanto sentí como este día
Mi soledad y mísero abandono
y lamentable desamor... ¿Podría
En edad borrascosa
Sin amor ser feliz? ¡Oh! ¡si una hermosa
Mi cariño fijase,
Y de este abismo al borde turbulento
Mi vago pensamiento
Y ardiente admiración acompañase!
¡Cómo gozara, viéndola cubrirse
De leve palidez, y ser más bella
En su dulce terror, y sonreírse
Al sostenerla mis amantes brazos...!
¡Delirios de virtud...! ¡Ay! ¡Desterrado,
Sin patria, sin amores,
Sólo miro ante mí llanto y dolores!
¡Niágara poderoso!
¡Adiós! ¡adiós! Dentro de pocos años
Ya devorado habrá la tumba fría
A tu débil cantor. ¡Duren mis versos
Cual tu gloria inmortal! ¡Pueda piadoso
Viéndote algún viajero,
Dar un suspiro a la memoria mía!
Y al abismarse Febo en occidente,
Feliz yo vuele do el Señor me llama,
Y al escuchar los ecos de mi fama,
Alce en las nubes la radiosa frente.

Aquí el poema «El Niágara» de José M. Heredia y Heredia.

http://www.los-poetas.com/c/here1.htm

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