Melancolia95
Poeta asiduo al portal
Crecen en mi pecho
las flores de la angustia
y está al acecho
la inclemente bestia
que es mi locura.
Los perros del amor
cuya mordedura esconde
un veneno abrasador,
están junto a la bestia. ¿Donde
está mi cordura?
Tu te la llevaste
por la senda de la muerte
y en mi mente encarnaste
los gritos de la suerte
que formulan esta conjetura:
Si me nubla tu forma
y tus ojos me ciegan,
¿Por qué si eres mi Atahorma
y los pies me niegan
el seguirte, mantengo mi postura
de no parar hasta alcanzarte?
Este es mi razonamiento:
Para mi tus ojos son arte,
y eres la fuente de mi conocimiento
y no conozco atadura
que a mi patria amarre
y si tengo que seguirte
a la llanura del aquelarre,
a los dorados golfos Sirte,
a las más lejana hendidura
que se oculte en el mar,
me sentiré complacido
de perseguir a mi azar
que nuestro amor foragido
escondió en la pequeña ranura
inexistente entre nosotros dos
y siempre caminare
de tu sombra en pos
hasta que la muerte nos separe
y nos entierre su diablura
en los parajes del errante
y dolorido enamorado
que observa a su amante
en una cruz clavado
por conservar su figura.
las flores de la angustia
y está al acecho
la inclemente bestia
que es mi locura.
Los perros del amor
cuya mordedura esconde
un veneno abrasador,
están junto a la bestia. ¿Donde
está mi cordura?
Tu te la llevaste
por la senda de la muerte
y en mi mente encarnaste
los gritos de la suerte
que formulan esta conjetura:
Si me nubla tu forma
y tus ojos me ciegan,
¿Por qué si eres mi Atahorma
y los pies me niegan
el seguirte, mantengo mi postura
de no parar hasta alcanzarte?
Este es mi razonamiento:
Para mi tus ojos son arte,
y eres la fuente de mi conocimiento
y no conozco atadura
que a mi patria amarre
y si tengo que seguirte
a la llanura del aquelarre,
a los dorados golfos Sirte,
a las más lejana hendidura
que se oculte en el mar,
me sentiré complacido
de perseguir a mi azar
que nuestro amor foragido
escondió en la pequeña ranura
inexistente entre nosotros dos
y siempre caminare
de tu sombra en pos
hasta que la muerte nos separe
y nos entierre su diablura
en los parajes del errante
y dolorido enamorado
que observa a su amante
en una cruz clavado
por conservar su figura.
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