laura solar salas
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol, con sus fuertes rayos una alfombra tejió.
entrelazando hilos de oro un bello poema escribió,
dedicado a su amada luna que pronto asomaría,
trás su diaria agonía, ella vendría con todo su esplendor.
Las corrientes con las algas hicieron violines.
acompañando el canto de mágicas ondinas,
traviesos delfines danzaban alrededor,
brindándoles tributo atan sublime amor.
Las olas arrancaron del cielo miles de luceros.
incrustados en sus crestas parecían diamantes,
coqueta y femenina se esforzaba en alcanzar,
aquellos resplandores reflejados en el mar.
El piélago abrazaba las rocas en gesto de amistad.
estas, en su mutismo lograban comprender,
la alegría expresada por el astro rey,
¡si! de ella se enamoraba cada día más.
En la arena, caracolas testigos de aquella devoción.
cómplice con la gloria obsequiaron su silencio,
jamás hubo romance tan sólido y perecedero,
como aquel que se plasmaba en el mar y en el cielo.
El amanecer se mostraba renuente aparecer,
sabiendo que su presencia terminaría con el idilio.
pidió a las nubes envíara negros nubarrones,
y brindarles más tiempo a esos dos corazones.
Las lágrimas de Neptuno se adhirieron a las estrellas.
transformandose en encantadoras luciérnagas,
alumbrando el espectáculo que se gestaba en el mar,
donde la luna recostada en mágica alfombra.. se dejaba amar
entrelazando hilos de oro un bello poema escribió,
dedicado a su amada luna que pronto asomaría,
trás su diaria agonía, ella vendría con todo su esplendor.
Las corrientes con las algas hicieron violines.
acompañando el canto de mágicas ondinas,
traviesos delfines danzaban alrededor,
brindándoles tributo atan sublime amor.
Las olas arrancaron del cielo miles de luceros.
incrustados en sus crestas parecían diamantes,
coqueta y femenina se esforzaba en alcanzar,
aquellos resplandores reflejados en el mar.
El piélago abrazaba las rocas en gesto de amistad.
estas, en su mutismo lograban comprender,
la alegría expresada por el astro rey,
¡si! de ella se enamoraba cada día más.
En la arena, caracolas testigos de aquella devoción.
cómplice con la gloria obsequiaron su silencio,
jamás hubo romance tan sólido y perecedero,
como aquel que se plasmaba en el mar y en el cielo.
El amanecer se mostraba renuente aparecer,
sabiendo que su presencia terminaría con el idilio.
pidió a las nubes envíara negros nubarrones,
y brindarles más tiempo a esos dos corazones.
Las lágrimas de Neptuno se adhirieron a las estrellas.
transformandose en encantadoras luciérnagas,
alumbrando el espectáculo que se gestaba en el mar,
donde la luna recostada en mágica alfombra.. se dejaba amar
:: ante su arte que bellas palabras.