Ángel San Isidro
Poeta que considera el portal su segunda casa
La Amante
Quiso un día el destino
encontrarse conmigo,
tú eras de verdad mi amado
y venerado hombre
que encontré en mi laborioso
y silencioso camino,
soy una mujer que pedía a gritos
comprensión y verdadero placer,
en el agua del grito amargo
con el cual satisfacer las angustias
de una impotente mujer;
Había en los manjares de mi vida
verdaderas caderas de curvas,
que saciaban con calurosos placeres
las verdades de los lascivos y penetrantes olores ,
que tú dejabas arder para que se consumieran
entre las tinieblas del tiempo, y de los placeres,
no existía otra cosa en mi vida
que tu maravilloso y sentido sentimiento,
de tu virtuosa y amigable vida
para dar con tu maravilloso cuerpo,
suave y entero,
el verdadero y sincero amor que satisfacía
el manjar del autentico amor,
que habría de saciarme de besos y de placer
en el rostro de un hombre convertido
en fantástica mujer;
Encontraste a un hombre
con tus lágrimas de dulce furcia,
con la perentoria suerte de un alma vacía
y cansada por los ojos frágiles de un extraño,
en el cuerpo desnudo de un primoroso amanecer,
el era un hombre adulto y casado
y con muchas deudas por corresponder,
tenía una mujer e hijos a los cuales debía de satisfacer
con su amor y sus penas,
en el viejo y cansado amanecer;
La amante mujer
le dijo al maltrecho hombre,
no quiero ser la amante de un pendejo
que no quiera entregarse a mis caprichos
para vivir la nueva aventura,
de la vieja pasión,
ni morir en la alborada
del nuevo y viejo atardecer,
quiero estar con un hombre que no le tenga
miedo a los miedos
y disfrutar con los sueños de la pasión y del placer,
quiero estar con un maravilloso hombre
y vivir,
con un apasionado amanecer.
Autor: Ángel San Isidro
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