Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entiende: he plasmado tu libertad.
no deberías sustraerte de esta unión
pacientemente revelada.
No deberías destruir esta bella
noche de estupefactas estrellas.
Podrías sí transmutar el odio en perdón,
sin abandonar los sonidos de las cenizas.
No dejar cuajar el presentimiento del
martirio en este sentido, amor.
Por favor, no supliques transformarlo
en juego nimio, baladí.
Sabes que hay mitos que niegan la amargura,
danzas ancestrales renegando las notas.
Por favor, no surques el océano de la procelosa
Tempestad.
No olvides que de todo lo que amo te amo más
que a todo.
Un diáfano día, crece la llamarada de la
pasión.
Ahora solo veo mi cuerpo desintegrarse,
veo mis células como carbones consumidos.
Y en el extraño ulular de la danza brumosa
veo dos cuerpos tendidos en la arena.
ondean corrientes terribles, prodigiosas,
y en el hogar adónde invernábamos,
veo tus
ojos volátiles de ardores, erigiendo la maravilla
eterna del fuego transgresor,
agigantado por el estertor peculiar, culminante.
los tambores enfilaron detrás de los
zumbidos, cazados por las confusas sombras...
Ahora yo te contemplo expectante,
Y te pinto en las escalas del devenir amoroso
esgrimiendo el sino de la antorcha viviente...
no deberías sustraerte de esta unión
pacientemente revelada.
No deberías destruir esta bella
noche de estupefactas estrellas.
Podrías sí transmutar el odio en perdón,
sin abandonar los sonidos de las cenizas.
No dejar cuajar el presentimiento del
martirio en este sentido, amor.
Por favor, no supliques transformarlo
en juego nimio, baladí.
Sabes que hay mitos que niegan la amargura,
danzas ancestrales renegando las notas.
Por favor, no surques el océano de la procelosa
Tempestad.
No olvides que de todo lo que amo te amo más
que a todo.
Un diáfano día, crece la llamarada de la
pasión.
Ahora solo veo mi cuerpo desintegrarse,
veo mis células como carbones consumidos.
Y en el extraño ulular de la danza brumosa
veo dos cuerpos tendidos en la arena.
ondean corrientes terribles, prodigiosas,
y en el hogar adónde invernábamos,
veo tus
ojos volátiles de ardores, erigiendo la maravilla
eterna del fuego transgresor,
agigantado por el estertor peculiar, culminante.
los tambores enfilaron detrás de los
zumbidos, cazados por las confusas sombras...
Ahora yo te contemplo expectante,
Y te pinto en las escalas del devenir amoroso
esgrimiendo el sino de la antorcha viviente...
Última edición: