dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Contaba mi padre que volviendo de cazar un día, uno de sus perros se adentró en el cementerio; lo llamó, pero el animal no acudía, lo que lo obligó a adentrarse en el camposanto para buscarlo. Era una ventosa tarde de noviembre que amenazaba lluvia. Una vez dentro, vio que de una de las tumbas salía un resplandor. Leyó el nombre de la lápida: Ceferino Anglada Téllez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el nombre de su propio padre, ahogado en el mar hacía muchos años, y cuyo cuerpo no había sido encontrado. Allí estaba el perro, ladrando frente a la lápida. Decía que vio salir el cuerpo de mi abuelo de la tumba y que los ojos de la aparición y los del perro eran rojos como la sangre, y que de pronto fue como si la aparición entrase en el cuerpo del perro, cuyos aullidos le erizaron la piel. El animal desapareció y no volvió a verlo; tampoco volvió a ver a su padre. Después de aquel suceso, dejó de cazar, ya que no soportaba la presencia de un perro a su lado.
Eladio Parreño Elías
20-Febrero-2012
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