Un descomunal arácnido se columpiaba de la tela de plata que pendía de la obscura alcoba,sólo iluminada por un cirio negro que ya remitía su llama espectral a apagarse.Tú observabas semejante insecto con horror;pues se estaba comiendo los sarmientos que colgaban del mohoso techo de la destartalada habitación.Yo llegué a una determinación:coger un palo largo y antes que la tiniebla lo impregnase todo,sacudir en su cuerpo viscoso de vil animal aberrante.Así lo hice.Y el funesto animal bajó al piso con muy malas intenciones.Abrió su babosa boca de fétido olor nauseabundo y se fue acercando a nosotros.Cogí una escopeta,la cargué con dos cartuchos y la dirigí hacia el funesto objeto de nuestro odio.Se iba acercando cada vez más y más;así que disparé el primer fogonazo y se escuchó el bramido salvaje de un hombre.Perplejos y ya en una obscuridad insondable saqué una linterna de mi bolsillo,la encendí,y para mi estupefacción vi en el suelo regado con sangre humana un brujo muerto,de aspecto espectral y porte onírico.