Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
Construyó su casa con ladrillos de recuerdo y argamasa de anhelo. Cada habitación era un capítulo: la infancia, con sus paredes de crayón y techos altos de asombro; la juventud, un laberinto de puertas entreabiertas y pasillos inciertos; la madurez, una estancia con vistas a un horizonte que se encogía. No había muebles, solo la luz que se posaba en los lugares donde alguna vez hubo risas o lágrimas. Caminaba por los pasillos, sintiendo el frío de los invierros pasados y el calor de los veranos que se fueron. Afuera, el mundo seguía su curso, indiferente a los cimientos de su fortaleza interna. Pero él sabía que, aunque las paredes fueran invisibles para otros, eran la única estructura que lo mantenía en pie, un monumento a lo que fue y a lo que nunca volvería a ser. La arquitectura de la nostalgia no necesita planos, solo un corazón que se niega a olvidar.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados