Las ruedas desgastadas de mi carreta
me piden ir a la sepultura,
donde está la fosa común .
Queda a la vuelta de la esquina,
ahí detrás de mi sombra
me llama cuando callo
dice mí nombre cuando estoy sola.
Llego, piso la tierra húmeda,
con mis pies descalzos,
tierra, sangre, podredumbre
yo soy suya en su regazo.
Es mi lecho de hiedras dormidas
de furias, madres y espantos,
desde ella Morfeo me mira,
y me toma entre sus brazos.
La noche es una serpiente
donde ellos y yo nos amamos,
y sus ojos dos caracolas;
espera encontrarnos.
la noche cierra los ojos
para no ver mis brazos llorando,
y los huesos crujen al unísono
y la noche saborea granas de mis labios.