IOAN CRISTINEL ZAHARIA
Poeta recién llegado
Dos matronas con vestidos que ocultan mucha pereza,
En un rumbo sinuoso, perdido y un poco bizarro,
Dos damas que llevan maquillaje vulgar sobre las pestañas,
Zarpando juntas hacia un naufragio voluntario.
En trajes de opereta, repletos de perlas falsas,
Se aferran con fuerza a una barra de ilusiones sin misterio,
Derritiéndose por la canícula y las angustias calladas,
Bajo el sol que arde implacable en el indiferente cielo.
Llenas de cintas que se enroscan en el sombrero,
En un tranvía banal perdido bajo el sol,
Tienen un dejo de perfume y aire cansado en agonía,
Esparcido alrededor como una perpetua indignación.
¡Oh, queridas damiselas con panamá en cabezas vacías,
Que queréis parecer de un tiempo elegante y eterno,
Sois solo el pasado de una época nada ideal,
En esta ciudad demasiado prosaica y gris!
Pisan ahora el bulevar con pasos de cortesanas,
Meciendo viejos orgullos bajo el maquillaje cansado,
Anacrónicas muses, ridículas y profanas,
En el mundo postmoderno que les ha sobrevivido.
En un rumbo sinuoso, perdido y un poco bizarro,
Dos damas que llevan maquillaje vulgar sobre las pestañas,
Zarpando juntas hacia un naufragio voluntario.
En trajes de opereta, repletos de perlas falsas,
Se aferran con fuerza a una barra de ilusiones sin misterio,
Derritiéndose por la canícula y las angustias calladas,
Bajo el sol que arde implacable en el indiferente cielo.
Llenas de cintas que se enroscan en el sombrero,
En un tranvía banal perdido bajo el sol,
Tienen un dejo de perfume y aire cansado en agonía,
Esparcido alrededor como una perpetua indignación.
¡Oh, queridas damiselas con panamá en cabezas vacías,
Que queréis parecer de un tiempo elegante y eterno,
Sois solo el pasado de una época nada ideal,
En esta ciudad demasiado prosaica y gris!
Pisan ahora el bulevar con pasos de cortesanas,
Meciendo viejos orgullos bajo el maquillaje cansado,
Anacrónicas muses, ridículas y profanas,
En el mundo postmoderno que les ha sobrevivido.