viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
La penitencia comienza en secreto,
en la cadencia lánguida de una lágrima.
La destilación amarga de una decepción.
La tristeza se diluye en el silencio
engullida por un remolino casi furioso.
Y la crudeza se vuelve carne y sangre,
embutida en una trémula piel
hambrienta de caricias.
Tintado de penumbra,
te sorprende el musgo en las pestañas.
Como un alud de vida
tejida alrededor de tus ojos,
para que evalúes el milagro
de almacenar imágenes de amor.
Para que humedecidos los labios
de dulce saliva,
confieras a tu aliento
la capacidad de volar.
De entrar en mi espíritu
en tibia neblina,
y poseerme antes
de que yo te posea.
Tu deseo me convierte en agua
y me derramo en tu cuerpo,
estallando mis huesos en polvo
detonados por tu abismal melancolía.
Muero, amor, perdido en ti.
En la profundidad bucólica
de tu alma.