Antares
Poeta adicto al portal
El tiempo nos observa como poco a poco nos despojamos de la carne, los huesos dejan de contar sus historias, y es cuando el alma comienza su caminar lento, muy despacio.
Ya no eres humano, pierdes el sentido de la vida, eres un pequeño Dios.
Las palabras que te acompañaron,
palabras importantes o no,
son las que en el alma quedan.
Incluso las que nunca se llegaron a decir,
por cobardía o porque probablemente no hubiesen servido para nada.
El amor impregna el alma de fragancias.
Nadie muere sin amor,
ya sea a personas, animales, a la propia Naturaleza como a las cosas.
El alma vive a la intemperie,
es valiente no entiende de miedos pueriles.
Se ha fraguado y es madura.
No entiende los suicidios de corazones fríos,
de tristes soledades,
del amor no correspondido.
El alma es eterna,
no se le ha conocido final.
Tampoco tiene dominio ni fronteras.
Nuestra esencia queda intacta en él,
como los sueños cumplidos.
El alma se alimenta de recuerdos, pasiones, enojos y perdones, de locuras
y no existen leyes en esa dimensión…
es libertaria.
La cadencia del alma
roza la perfección más absoluta.
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