Jcmch
Poeta veterano en el portal.
[center:ed1d687e3f]Este poema lo publico aqui porque para mi es triste, y sea como sea, fue muy importante para mi escribirlo.
Cada palabra que consume tu boca
es un jubilo perenne en el ambiente.
Significa la preparación al campo errante,
al lugar entroncado y sublime.
Los alpes son nada comparados con tu
empinada sensualidad.
Los oídos abarcan una sola realidad,
la de tus imperfectos razonamientos.
Yo simplemente me propongo escucharte,
con tus pies entre mis brazos,
y ver que tan pronto se cuecen
los enigmas de tu pecho.
El sol le da a tu vientre curvo
esa textura infalible, brillante.
El ser se aleja, en meditación,
constando la locura que provocan tus caderas.
Como el propio erotismo asemeja venganza,
no hay mas que darle la libertad
a los impulsos de la costumbre.
Es un lapso precioso que se enciende con paciencia.
El otro amor enardecido
no tiene cabida en nuestra cama,
y es solo por la frialdad de este,
que le tomamos por prohibido.
Por eso, como he de encontrarte,
comenzaré por buscarte en cada estación.
Te llamare por tu nombre a ver si respondes.
No me cansare de pronunciar tu dilema espumado.
Te seguiré por los valles de la ciudad,
por el patíbulo de la basura,
entre la noche asesina y peligrosa,
y te encontrare,
cubierta de humo estático entibiado.
La corriente eficaz de mi cerebro
te encerrara con violencia
en los confines de mi soledad divagante.
Así, no escaparas.
Esa ofrenda consiste simplemente
en verter el manantial de la indulgencia mutua
en el matiz oscuro del amor.
El agua clara no servirá jamás a nuestros antojos.
El método consiste, pues,
en la practica de la materia, ausentada esta
de todo enmarañado sistema de sentimentalismos.
El desarraigo provee la intensidad
que en dado caso haría falta.
Si la pasión que nos invade termina,
aun así tenemos el momento.
Aun así te seguiré buscando, quieras o no,
y acechare a la guisa de tus huesos.
Dibujada estas sobre mi mesa.
Enlutada sobre oleadas de coñac
se asoma tu rostro de arlequín.
Eres la diva mas descarada de mi casa.
Solo en la profundidad del espacio interior
concurre a mi escenario tu estirpe,
tu gran fuerza y poderío,
ese que me arrastra a esclavizarme en tu presencia.
Ahora te alejas cual mosca huye
del puño y el frío.
Heladas tus alas, cubiertas de hedor callejero.
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Cada palabra que consume tu boca
es un jubilo perenne en el ambiente.
Significa la preparación al campo errante,
al lugar entroncado y sublime.
Los alpes son nada comparados con tu
empinada sensualidad.
Los oídos abarcan una sola realidad,
la de tus imperfectos razonamientos.
Yo simplemente me propongo escucharte,
con tus pies entre mis brazos,
y ver que tan pronto se cuecen
los enigmas de tu pecho.
El sol le da a tu vientre curvo
esa textura infalible, brillante.
El ser se aleja, en meditación,
constando la locura que provocan tus caderas.
Como el propio erotismo asemeja venganza,
no hay mas que darle la libertad
a los impulsos de la costumbre.
Es un lapso precioso que se enciende con paciencia.
El otro amor enardecido
no tiene cabida en nuestra cama,
y es solo por la frialdad de este,
que le tomamos por prohibido.
Por eso, como he de encontrarte,
comenzaré por buscarte en cada estación.
Te llamare por tu nombre a ver si respondes.
No me cansare de pronunciar tu dilema espumado.
Te seguiré por los valles de la ciudad,
por el patíbulo de la basura,
entre la noche asesina y peligrosa,
y te encontrare,
cubierta de humo estático entibiado.
La corriente eficaz de mi cerebro
te encerrara con violencia
en los confines de mi soledad divagante.
Así, no escaparas.
Esa ofrenda consiste simplemente
en verter el manantial de la indulgencia mutua
en el matiz oscuro del amor.
El agua clara no servirá jamás a nuestros antojos.
El método consiste, pues,
en la practica de la materia, ausentada esta
de todo enmarañado sistema de sentimentalismos.
El desarraigo provee la intensidad
que en dado caso haría falta.
Si la pasión que nos invade termina,
aun así tenemos el momento.
Aun así te seguiré buscando, quieras o no,
y acechare a la guisa de tus huesos.
Dibujada estas sobre mi mesa.
Enlutada sobre oleadas de coñac
se asoma tu rostro de arlequín.
Eres la diva mas descarada de mi casa.
Solo en la profundidad del espacio interior
concurre a mi escenario tu estirpe,
tu gran fuerza y poderío,
ese que me arrastra a esclavizarme en tu presencia.
Ahora te alejas cual mosca huye
del puño y el frío.
Heladas tus alas, cubiertas de hedor callejero.
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