Andeco
Poeta recién llegado
El seguimiento incansable y frontal de hombre y mujer, cobijado en la desnudez de cuerpos jadeantes: dos cuerpos mezclados, revueltos, haciéndose en el amor y desasiéndose en ese mismo amor.
Cada beso abre una herida y cada caricia la cierra.
La mirada: recogida, refugiada en un caparazón rosa de sueños.
Las pupilas: desparramadas en dulces recuerdos que abonan los surcos de la ilusión niña.
Órganos de luz encerrados en un abrazo tétrico de la pecera carnal del ser.
El rostro: tallado por la idea de un elemento cálido y eterno
Que se expande en la heredad de sueños naranjas.
Los labios: secos, sedientos del verde aliento de una amante que ha muerto junto a ti, por ti
Y desde tus entrañas.
Cada beso abre una herida y cada caricia la cierra.
La mirada: recogida, refugiada en un caparazón rosa de sueños.
Las pupilas: desparramadas en dulces recuerdos que abonan los surcos de la ilusión niña.
Órganos de luz encerrados en un abrazo tétrico de la pecera carnal del ser.
El rostro: tallado por la idea de un elemento cálido y eterno
Que se expande en la heredad de sueños naranjas.
Los labios: secos, sedientos del verde aliento de una amante que ha muerto junto a ti, por ti
Y desde tus entrañas.