Noche de relax en la ciudad.
Ella me mira, pero yo mira a otra mujer
que se esconde en la penumbra
de su insípido placer.
Se ríe con las amigas y se va.
Nadie se queda, sólo la camarera.
Me sirve una cerveza y saca de la nada
un libro de poemas.
Abre por cualquier página y tierna
se lanza a recitar con voz apresurada…
Los ojos se le llena de lágrimas…
Cómo mi poema llegó hasta sus manos
no tengo ni la más remota idea.
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