LA CANCIÓN QUE HIZO LLORAR A PAUL VERLAINE
Asciendo hacia la silueta blanca
que irisa el sosiego del ramaje.
Soñemos es la hora.
Me poso en la media luna.
Me digo calma.
Calma
Es la hora de soñar.
De recojer las últimas lágrimas
del sauce negro,
que son las mías propias
y lanzarlas al aire
para alcanzar el plácido estanque
donde duermen
los colores y los nenúfares de Monet.
Es la hora de soñar.
De promover el canto de las risas,
y con ellas hechizar la noche
si no estuviera ya hechizada.
De incitar a los angeles a guardar
nuestros sueños.
Es la hora exquisita.
Asciendo hacia la silueta blanca
que irisa el sosiego del ramaje.
Soñemos es la hora.
Me poso en la media luna.
Me digo calma.
Calma
Es la hora de soñar.
De recojer las últimas lágrimas
del sauce negro,
que son las mías propias
y lanzarlas al aire
para alcanzar el plácido estanque
donde duermen
los colores y los nenúfares de Monet.
Es la hora de soñar.
De promover el canto de las risas,
y con ellas hechizar la noche
si no estuviera ya hechizada.
De incitar a los angeles a guardar
nuestros sueños.
Es la hora exquisita.