BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Donde crece fértil
el yugo sibilante
de la madera serrada:
taciturnas umbrías
congeladas en el cerebro:
años de extraer insomne
el petróleo de las catervas
y de los incendios forestales:
catacumbas orientales
donde se filtraban las palabras
sin sonido alguno.
Donde crecía insalubre
el agua de los aserraderos:
fecunda y múltiple
en su recorrido singular
por abrevaderos y lavatorios
públicos: mingitorios
universales en que se expandían
los huesos foscos al invierno.
Despertar intacto
sobre maderas colegiales:
informes desavenencias
documentación expedita
tácita argumentación de niños
explorando el conjunto de las
chimeneas y alfombras persas.
Persianas cerradas o casi,
donde se desplegaban los laboratorios
artesanales y los fundidores pirotécnicos.
Íbamos llegando con el sopor
de los días por delante, de la vida
por delante, de los torpes y blanquecinos
muros que, como prisiones, adecentaban
el martirio de la escuela.
La lluvia el indecente sexo en los lavabos
gritos de auxilio fermentados en las gargantas
sabias, de algunas mujeres.
La espoleada y nada trivial
humareda de los apósitos:
cánticos, pronósticos, visitas
guiadas a las iglesias de los pueblos,
sanatorios para dementes,
risas para dementes, orgías
para terratenientes vencidos.
El detrito informe
de las básculas del peso:
un profesor, payaso,
dando pábulo a las inocentes
fantasías de sus alumnos.
Casi me muero allí.
Viví, puesto que no tenía
nada mejor que hacer.
©
el yugo sibilante
de la madera serrada:
taciturnas umbrías
congeladas en el cerebro:
años de extraer insomne
el petróleo de las catervas
y de los incendios forestales:
catacumbas orientales
donde se filtraban las palabras
sin sonido alguno.
Donde crecía insalubre
el agua de los aserraderos:
fecunda y múltiple
en su recorrido singular
por abrevaderos y lavatorios
públicos: mingitorios
universales en que se expandían
los huesos foscos al invierno.
Despertar intacto
sobre maderas colegiales:
informes desavenencias
documentación expedita
tácita argumentación de niños
explorando el conjunto de las
chimeneas y alfombras persas.
Persianas cerradas o casi,
donde se desplegaban los laboratorios
artesanales y los fundidores pirotécnicos.
Íbamos llegando con el sopor
de los días por delante, de la vida
por delante, de los torpes y blanquecinos
muros que, como prisiones, adecentaban
el martirio de la escuela.
La lluvia el indecente sexo en los lavabos
gritos de auxilio fermentados en las gargantas
sabias, de algunas mujeres.
La espoleada y nada trivial
humareda de los apósitos:
cánticos, pronósticos, visitas
guiadas a las iglesias de los pueblos,
sanatorios para dementes,
risas para dementes, orgías
para terratenientes vencidos.
El detrito informe
de las básculas del peso:
un profesor, payaso,
dando pábulo a las inocentes
fantasías de sus alumnos.
Casi me muero allí.
Viví, puesto que no tenía
nada mejor que hacer.
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