estelamari
Poeta recién llegado
Con la tinta azul casi perdida
por las lágrimas caídas,
en palabras, que en el tiempo
están dormidas.
Examino cada letra de esa carta
conservada por fuerza, al ser guardada
entre las hojas de los libros sin leer,
repito en baja voz, todas aquellas;
como queriendo llamar el sueño
con murmullos.
Es la carta, donde dices que me amas
con palabras tiernas, con promesas
que se fueron perdiendo cada día
desde aquella triste despedida.
Dijiste que te espere,
¡volveré¡ me aseguraste
yo me quede todos los días
con la mirada puesta en el camino
y la esperanza de verte regresar
Los calendarios fueron consumidos
lentamente y sin remedio,
enfriando sin querer, tantos recuerdos.
Hoy que el tiempo compañero,
pinto mil canas en mi sien,
tomo de nuevo este papel
tengo mi carta, entre mis manos.
y con dolor, la acerco al corazón.
Repito sus palabras y sus frases
las he aprendido de memoria
de tanto haberlas leído.
Mientras las últimas lágrimas
se resbalan de mi rostro
estrujo con suave fuerza la misiva
y la acerco al corazón,
mientras la estrujo: entre sus pliegues
se estrujan también mis ilusiones.
Mis manos incoherentes
presas del dolor almacenado;
hacen trozos el delicado papel
mientras cae al suelo, en mil pedazos
se cae también una parte
de mi alma en todos ellos;
y van a dar al fondo del olvido
donde seguramente arrojaste
todo mi amor y mi alegría
después de aquella despedida.
por las lágrimas caídas,
en palabras, que en el tiempo
están dormidas.
Examino cada letra de esa carta
conservada por fuerza, al ser guardada
entre las hojas de los libros sin leer,
repito en baja voz, todas aquellas;
como queriendo llamar el sueño
con murmullos.
Es la carta, donde dices que me amas
con palabras tiernas, con promesas
que se fueron perdiendo cada día
desde aquella triste despedida.
Dijiste que te espere,
¡volveré¡ me aseguraste
yo me quede todos los días
con la mirada puesta en el camino
y la esperanza de verte regresar
Los calendarios fueron consumidos
lentamente y sin remedio,
enfriando sin querer, tantos recuerdos.
Hoy que el tiempo compañero,
pinto mil canas en mi sien,
tomo de nuevo este papel
tengo mi carta, entre mis manos.
y con dolor, la acerco al corazón.
Repito sus palabras y sus frases
las he aprendido de memoria
de tanto haberlas leído.
Mientras las últimas lágrimas
se resbalan de mi rostro
estrujo con suave fuerza la misiva
y la acerco al corazón,
mientras la estrujo: entre sus pliegues
se estrujan también mis ilusiones.
Mis manos incoherentes
presas del dolor almacenado;
hacen trozos el delicado papel
mientras cae al suelo, en mil pedazos
se cae también una parte
de mi alma en todos ellos;
y van a dar al fondo del olvido
donde seguramente arrojaste
todo mi amor y mi alegría
después de aquella despedida.