Hejaran
Poeta asiduo al portal
LA CASA DE MIS ABUELOS
¡Oh casa hermosa,
espaciosa, como el
corazón de mis ancestros!
De patios empedrados y al centro
tinaja goteadora, anchos corredores adornados con geranios y gardenias
que expandían sus macetas florecidas
repartiendo su aroma y su belleza.
En la sala, antiguas
poltronas de cedro y maderas
preciosas, al centro la mecedora permanecía silenciosa, testigo de largas siestas y descansos merecidos por tardes laboriosas.
Al fondo, cocina
con fogón de leña,
guarapera y alacena,
donde se guardaba la escarcela,
la parva y la aguapanela.
En el horno,
en forma de hongo,
se hacía el pan mañanero, decorado
con rosetones de colores a juego con los leños, que secos, esperaban que las llamas les sacaran deliciosos olores hogareños.
Los abuelos de lento
caminar y henchido
corazón, vivían sin afanes y sin preocupaciones, gastando día a día
lo que les quedaba de vida, contemplando a los nietos, las canastadas de melenas y el jardín de lirios
y azucenas.
Nunca se oyó un grito
ni una queja, todo era paz y armonía,
esos eran mis abuelos, y yo, el nieto de sus desvelos.
¡Qué felices seríamos si así fuera la vida hoy en día!
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