Artémida
Poeta recién llegado
Los recuerdos se mecen en telarañas,
muros sostenidos por fantasmas de risas angelicales,
de gritos y juegos, de reuniones entre anécdotas,
de personas amadas llenando la sala.
Hoy miro las sillas tan vacías,
las paredes tan altas,
los cuadros aguardando preguntas
que revelen la identidad de unos ojos inmóviles.
Sólo fue el déjà vu de otro verano,
tan alegre y alborotado como todos,
que me hizo caer en la fe de lo que no culmina
ni siquiera cuando callan los grillos.
Confié enfrentarme también al invierno
rodeada de sueños en vigilia,
pero sólo es la visión de una vejez prematura,
cuando el afecto parte y sólo aguardas la muerte rodeada de nada.
Pues como tantas cosas, es injusto: ya lo estoy viviendo,
por eso no quiero alcanzar esos años,
sé como siente una casa sin almas,
sé como se siente que te abandone la risa.
Ya no más, nunca más quiero respirar esta ausencia,
este olor a polvo y esperanza perdida,
ni siquiera soñar con ese verano eterno,
ya no más deseos de hogar habitado.
Al fin y al cabo siempre despierto,
me hallo recorriendo descalza este suelo que hoy nadie pisa,
y no encuentro el eco de risas
el eco de juegos y algarabía.
Por tanto es mejor detener la marcha,
abrigar mis pies y llenar espacio con otros anhelos
O seguir durmiendo, ausente de toda falta,
dirigiendo mis sueños hacia el próximo y alegre verano.
muros sostenidos por fantasmas de risas angelicales,
de gritos y juegos, de reuniones entre anécdotas,
de personas amadas llenando la sala.
Hoy miro las sillas tan vacías,
las paredes tan altas,
los cuadros aguardando preguntas
que revelen la identidad de unos ojos inmóviles.
Sólo fue el déjà vu de otro verano,
tan alegre y alborotado como todos,
que me hizo caer en la fe de lo que no culmina
ni siquiera cuando callan los grillos.
Confié enfrentarme también al invierno
rodeada de sueños en vigilia,
pero sólo es la visión de una vejez prematura,
cuando el afecto parte y sólo aguardas la muerte rodeada de nada.
Pues como tantas cosas, es injusto: ya lo estoy viviendo,
por eso no quiero alcanzar esos años,
sé como siente una casa sin almas,
sé como se siente que te abandone la risa.
Ya no más, nunca más quiero respirar esta ausencia,
este olor a polvo y esperanza perdida,
ni siquiera soñar con ese verano eterno,
ya no más deseos de hogar habitado.
Al fin y al cabo siempre despierto,
me hallo recorriendo descalza este suelo que hoy nadie pisa,
y no encuentro el eco de risas
el eco de juegos y algarabía.
Por tanto es mejor detener la marcha,
abrigar mis pies y llenar espacio con otros anhelos
O seguir durmiendo, ausente de toda falta,
dirigiendo mis sueños hacia el próximo y alegre verano.
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