Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Con la casa vacía de tus cuentos
no hay donde sentarse a escucharlos
no hay chimenea que entibie la compañía.
La ventana se abre y entra el frío viento de la soledad.
Me gustan esos cuentos de cocodrilos
que toman el té en tacitas de porcelana levantando el meñique,
y conversan sobre temas profundos como un manglar.
También los de estrellas envidiosas que brillan para opacar lunas
o aquellos de poetas que no saben escribir, pero imaginan.
Sus imágenes se imprimen en suspiros, y besos ardientes.
Me gustan tus cuentos de semillas germinando en el atardecer
llenando todo de arborescencias de ternura floreciente
antes que el sol deje de pintar de rojo el horizonte.
Me gustan tus cuentos, ven ya.
no hay donde sentarse a escucharlos
no hay chimenea que entibie la compañía.
La ventana se abre y entra el frío viento de la soledad.
Me gustan esos cuentos de cocodrilos
que toman el té en tacitas de porcelana levantando el meñique,
y conversan sobre temas profundos como un manglar.
También los de estrellas envidiosas que brillan para opacar lunas
o aquellos de poetas que no saben escribir, pero imaginan.
Sus imágenes se imprimen en suspiros, y besos ardientes.
Me gustan tus cuentos de semillas germinando en el atardecer
llenando todo de arborescencias de ternura floreciente
antes que el sol deje de pintar de rojo el horizonte.
Me gustan tus cuentos, ven ya.
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