MaríaA.G
Poeta veterana en el Portal
Entró D. Alfonso en casa
dirigiéndose a su dama:
¡Concha Esmeralda!
voy a ver un partido,
en la cantina de Antimio.
No perdiendo el tiempo ella,
llamó a su concubino
para aprovechar el momento.
¡ven deprisa querido!
que se fue mi marido
y dura poco el partido.
Voy presto,
para faltar al mandamiento.
Estando ya en el festejo
apareció su marido,
que por cosas del destino,
habían suspendido el evento.
Entrando el esposo en la habitación
el pavo, ya estaba dentro,
entre gemido y gemido,
dio tres gritos el marido,
y les cortó la procesión,
saliendo bien armado el concubino.
Corrió por la calle abajo,
con las piernas retorcidas,
pues no había dejado la señora,
de exfoliar el pantalón,
por debajo del cinturón.
dirigiéndose a su dama:
¡Concha Esmeralda!
voy a ver un partido,
en la cantina de Antimio.
No perdiendo el tiempo ella,
llamó a su concubino
para aprovechar el momento.
¡ven deprisa querido!
que se fue mi marido
y dura poco el partido.
Voy presto,
para faltar al mandamiento.
Estando ya en el festejo
apareció su marido,
que por cosas del destino,
habían suspendido el evento.
Entrando el esposo en la habitación
el pavo, ya estaba dentro,
entre gemido y gemido,
dio tres gritos el marido,
y les cortó la procesión,
saliendo bien armado el concubino.
Corrió por la calle abajo,
con las piernas retorcidas,
pues no había dejado la señora,
de exfoliar el pantalón,
por debajo del cinturón.
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