carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como un árbol de almendras es tu cuerpo.
¡Frondosa hembra, cibeliana!
Como colmena de abejas, tu púbis
y penetrarte es un picor que arde,
quema, castra en estallidos por los montes.
Como una hembra del neolítico
tienes los muslos fuertes, pareces
la leona, señora de las bestias
en la maleza en que te amo,
en la cama donde olfateo tu aliento.
Tú eres vida porque te anhelo, contigo
se vive en el deseo creciente, en luna
de tu menstruo y tu tacto es mi piel
y tu pelo una enredadera que me tapa los ojos
y eres cómo la muerte, siendo vida erotizada,
y eres como resurrección en el trecho final
de la mutua lujuria.
Me tapias en tu recinto y tus murallas,
que son sagradas, pero, ¡cómo amo yo tus huesos!
¿Quién tan fuerte, como esa salud
que es el proyecto del campo y todo árbol,
el proyecto de los cerros y los riscos,
y cada barranquera, donde corro como liebre
para darte alcance y llamarte madre, amada,
hija de la espuma del castrado,
mutuo semen de la Urania y de la herida
del cosmos! Cibele, nena peluda,
clitoruda, mari-macha, como un árbol
de almendras es tu cuerpo, y por verme robado
por tus brazos, yo me hago eunuco voluntario
y me entrego a los cuchillos de tu boca
aunque me maten tus besos.
3-12-2004 / Del libro «Tantralia»
__
Inspirado en la historia de una niña frigia llamada Cybele de quien la mitología dijo que nació con los dos sexos, «mari-macha», alarmando a los dioses, quienes la castraron. De su genitalia masculina fue formado el árbol de almendra. Cybele (Magna Dea, Diosa-Tierra) representa la superioridad de la Naturaleza y la belleza de lo femenino. En Psicología, los componentes de su mito representan un delirio de castración. Para mí, Cybele es un símbolo de la hembra grandota, deportiva y frondosa. Tipo Tom-Boy y orientada al campo y los espacios libres y naturales... Con Cybeles, recuerdo a mi vecinita de la infancia: Lourdes, quien gozaba dándome sus palizas, o juegos de golpes, sólo porque estaba enamorada y sabía que no le pegaría.
¡Frondosa hembra, cibeliana!
Como colmena de abejas, tu púbis
y penetrarte es un picor que arde,
quema, castra en estallidos por los montes.
Como una hembra del neolítico
tienes los muslos fuertes, pareces
la leona, señora de las bestias
en la maleza en que te amo,
en la cama donde olfateo tu aliento.
Tú eres vida porque te anhelo, contigo
se vive en el deseo creciente, en luna
de tu menstruo y tu tacto es mi piel
y tu pelo una enredadera que me tapa los ojos
y eres cómo la muerte, siendo vida erotizada,
y eres como resurrección en el trecho final
de la mutua lujuria.
Me tapias en tu recinto y tus murallas,
que son sagradas, pero, ¡cómo amo yo tus huesos!
¿Quién tan fuerte, como esa salud
que es el proyecto del campo y todo árbol,
el proyecto de los cerros y los riscos,
y cada barranquera, donde corro como liebre
para darte alcance y llamarte madre, amada,
hija de la espuma del castrado,
mutuo semen de la Urania y de la herida
del cosmos! Cibele, nena peluda,
clitoruda, mari-macha, como un árbol
de almendras es tu cuerpo, y por verme robado
por tus brazos, yo me hago eunuco voluntario
y me entrego a los cuchillos de tu boca
aunque me maten tus besos.
3-12-2004 / Del libro «Tantralia»
__
Inspirado en la historia de una niña frigia llamada Cybele de quien la mitología dijo que nació con los dos sexos, «mari-macha», alarmando a los dioses, quienes la castraron. De su genitalia masculina fue formado el árbol de almendra. Cybele (Magna Dea, Diosa-Tierra) representa la superioridad de la Naturaleza y la belleza de lo femenino. En Psicología, los componentes de su mito representan un delirio de castración. Para mí, Cybele es un símbolo de la hembra grandota, deportiva y frondosa. Tipo Tom-Boy y orientada al campo y los espacios libres y naturales... Con Cybeles, recuerdo a mi vecinita de la infancia: Lourdes, quien gozaba dándome sus palizas, o juegos de golpes, sólo porque estaba enamorada y sabía que no le pegaría.