La censura no podrá con los lapiceros

Maroc

Alberto
Cuando llego a casa
tengo más sueño que nunca,
el mundo y la sociedad
me importan cada vez menos,
por eso me impulsan
tantas ganas de seguir vivo.

Ayer a los veinte años
deliciosamente loco,
hoy han pasado más de treinta
y soy más viejo y medianamente cuerdo...
poeta... quería ser... poeta,
coger las estrellas con las manos,
caminar en el movimiento de las olas,
mirar la profundidad de unos ojos verdes
e incluso sentir nada en el vacío,
transcurre el tiempo,
nos conducen en rebaño hacia el abismo,
al fin y al cabo todas fueron la misma;
Madrid, Guadalajara, Alicante, Valladolid,
Cádiz o Las Islas Canarias
sonaron iguales,
puede que así quisieran
que nos sintiéramos solos,
pero brotó la solidaridad y la ternura,
la escuela de los hombres libres
perseguidores de los facinerosos
como gatos que hacen ronronear
sus siete vidas con los estiletes al unísono,
allí estaban las cadenas,
¿donde?, pues qué más da
si unas veces me dieron
y otras di yo...
ecos lejanos,
gritos profundos de las almas,
cinceles que golpean la piedra,
cuchillas por alimento,
enfermedad en los pulmones,
incendios por los barrancos
de los viejos muslos amarillos
con terror que se convierten en furia,
hambre que da lugar al arrojo,
sueños que son de todos;
¡nuestros sueños!,
maldad y noches dinamizadas
por aspiraciones de los anhelos...
y daremos un paso atrás
y dos adelante para poner
semillas y dejarlas crecer...
y ya no nos dolerán los golpes
ni las estacas que cortan el aire,
porque nuestros huesos,
a fuerza de golpes,
se han hecho inmunes...
mundo falso e hipócrita
dueño de la desolación
y los derrumbes,
infeliz humanidad
muerta por los virus
de algún leopardo que se resiste,
salimos o nos echaron, de momento,
y el dinero tapó muchas cosas...
y pienso que volveré a ser
aquel chico que fue un poco loco en su juventud,
o puede que ya cansado
me introduzca en un buen libro
que me haga olvidar a cuantos "gofos"
o "niños bien",
embutidos en su egoísmo
hipócrita, los segundos,
y condenados porque sí, los primeros,
me recuerde, que el mundo,
a veces,
se va cincelando con lapiceros.
 
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