La cercanía del desencuentro
Hemos conjurado la vida en un instante,
hemos silenciado el murmullo que nos rodeaba.
Y aquí estoy
aferrando mi cuerpo a unas alas robadas.
No sé de donde vienes
ni que huellas limitan el encuentro.
No nos buscamos,
¿O sí?
¿Será que ese vagar entre desiertos
era premisa de la tierra prometida?
¿Será que en otra vida,
coexistiamos cobijados bajo la mirada de Eros?
Hemos coincidido en las horas
en este tiempo fuera del tiempo.
Estamos aquí, pisando el mismo suelo,
nos invoca la pertenencia
pero no nos atrevemos a tocar.
Aun así,
las miradas no guardan obediencia
imponiéndose a las prevenciones del no ser.
Es la distancia lo que más nos acerca
y en estos centímetros donde lo natural nos convoca
sabemos que se esconde el límite.
Palmas y brisa se funden en acompasado vaivén,
cubriéndonos un estrellado infinito
que despliega la nostalgia de haber prodigado un atardecer
que no nos atrevimos a vivir.
Hemos guardado silencio,
no basto el grito de la piel
ni la conjunción de los amantes agónicos.
Hemos guardado silencio,
los frutos dormitan en la espera de la ciega.
Hemos guardado silencio
y tú y yo,
seguimos estando a la misma distancia.
Hemos conjurado la vida en un instante,
hemos silenciado el murmullo que nos rodeaba.
Y aquí estoy
aferrando mi cuerpo a unas alas robadas.
No sé de donde vienes
ni que huellas limitan el encuentro.
No nos buscamos,
¿O sí?
¿Será que ese vagar entre desiertos
era premisa de la tierra prometida?
¿Será que en otra vida,
coexistiamos cobijados bajo la mirada de Eros?
Hemos coincidido en las horas
en este tiempo fuera del tiempo.
Estamos aquí, pisando el mismo suelo,
nos invoca la pertenencia
pero no nos atrevemos a tocar.
Aun así,
las miradas no guardan obediencia
imponiéndose a las prevenciones del no ser.
Es la distancia lo que más nos acerca
y en estos centímetros donde lo natural nos convoca
sabemos que se esconde el límite.
Palmas y brisa se funden en acompasado vaivén,
cubriéndonos un estrellado infinito
que despliega la nostalgia de haber prodigado un atardecer
que no nos atrevimos a vivir.
Hemos guardado silencio,
no basto el grito de la piel
ni la conjunción de los amantes agónicos.
Hemos guardado silencio,
los frutos dormitan en la espera de la ciega.
Hemos guardado silencio
y tú y yo,
seguimos estando a la misma distancia.