Angelines
Poeta recién llegado
La Choca era pequeña,
y aun así ocupaba tanto en la vida,
como si su presencia fuera más
grande
que el lugar donde cabía su cuerpo.
Tenía ojos que no se olvidan,
porque miraban como si entendieran,
y una forma de acercarse
que hacía que el mundo doliera menos
sin pedir nada a cambio.
Mi recuerdo no empieza en lo bonito,
empieza en la ausencia,
en ese hueco que no hace ruido
pero pesa distinto.
A veces vuelve su imagen
como una escena lenta,
demasiado clara,
demasiado tarde,
como si el tiempo hubiera decidido quedarse ahí
sin dejarme cambiar nada.
Y entonces aparece el nudo,
no solo de tristeza,
sino de algo más difícil de nombrar,
como si el amor se hubiera quedado atrapado
en el momento en que no supimos que era el último.
Mi mente me repite el final
como si buscara una forma de arreglarlo,
pero no hay arreglo dentro del recuerdo,
solo la sensación de haber llegado tarde
a algo que ya estaba ocurriendo sin avisar.
Y lo más duro no es perderla,
es recordar cómo se quedaba el mundo después,
cuando todo seguía igual
pero ella ya no volvía igual.
La Choca sigue aquí,
no como antes,
sino como peso suave y constante,
como una presencia que ya no se puede tocar
pero tampoco soltar del todo.
Y en algún punto muy silencioso,
donde no hay explicación ni alivio fácil,
Me queda solo esto:
haberla querido tanto
que incluso el recuerdo duele.
Mi preciosa.
y aun así ocupaba tanto en la vida,
como si su presencia fuera más
grande
que el lugar donde cabía su cuerpo.
Tenía ojos que no se olvidan,
porque miraban como si entendieran,
y una forma de acercarse
que hacía que el mundo doliera menos
sin pedir nada a cambio.
Mi recuerdo no empieza en lo bonito,
empieza en la ausencia,
en ese hueco que no hace ruido
pero pesa distinto.
A veces vuelve su imagen
como una escena lenta,
demasiado clara,
demasiado tarde,
como si el tiempo hubiera decidido quedarse ahí
sin dejarme cambiar nada.
Y entonces aparece el nudo,
no solo de tristeza,
sino de algo más difícil de nombrar,
como si el amor se hubiera quedado atrapado
en el momento en que no supimos que era el último.
Mi mente me repite el final
como si buscara una forma de arreglarlo,
pero no hay arreglo dentro del recuerdo,
solo la sensación de haber llegado tarde
a algo que ya estaba ocurriendo sin avisar.
Y lo más duro no es perderla,
es recordar cómo se quedaba el mundo después,
cuando todo seguía igual
pero ella ya no volvía igual.
La Choca sigue aquí,
no como antes,
sino como peso suave y constante,
como una presencia que ya no se puede tocar
pero tampoco soltar del todo.
Y en algún punto muy silencioso,
donde no hay explicación ni alivio fácil,
Me queda solo esto:
haberla querido tanto
que incluso el recuerdo duele.
Mi preciosa.
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